Al caer la tarde te espere, pero como otras tardes, te esfumaste con el día.
La noche llegó con tus recuerdos, tus recuerdos se esfumaron en penumbras, formando en mis sueños desde siempre, tu esbelta figura.
No estabas, la seda de tu pelo acariciaba mi cara, el terciopelo de tu piel cubría la mía, tu blanco diamante perfumaba mi cuerpo, los pétalos de azahar de tus manos penetraban mi boca tus labios aterciopelados dominaron mi voluntad.
El cantar de los toches y copetones mañaneros despertaron mi ser.
No estabas. El amanecer tomó las hendijas de la ventana, y como siempre, te esfumaste con los rayos del sol que pintaron en el horizonte tu silueta.
No estabas en el día, y como siempre, te esperé al caer la tarde.
Esos labios suaves que acarician los míos jugando entrelazados, me alborotan Esos labios tiernos que besan los míos, me derriten esos labios rojos que aprisionan los míos, me liberan esos labios gruesos que dominan los míos, me someten esos labios carnosos que provocan los míos, me poseen.
Alborotan mi piel, despiertan mis sentidos, derriten mi voluntad, enardecen mi ser liberan mis deseos, desatan mi pasión conquistan mis sentidos, someten mis fuerzas.
Esos labios ofrecidos con tus ojos cerrados despiertan en mí, pasión entera y toda, por el fuego de tu húmedo pelo por tus senos de canela tibia por el pecado de rítmicas caderas.
Me gustas con tu boca intacta al beso con la llamarada de tus carnes que calcinan las mías, con el cabello húmedo que acaricia mi piel con tus manos cual pincel que se desplazan por mi cuerpo
Tus besos son como la brisa mañanera que llega y se va con los recuerdos; son como los rayos del ocaso que se esfuman en el mas allá para prevalecer en el mañana.
Tus labios, labios que enamoran y poseen como la noche sus misterios, como los amaneceres las esperanzas, como los suspiros el aire necesario.
Extraño tus labios cuando se entrelazaban con los míos cual almíbar que endulzaba cada amanecer.