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miércoles, 31 de julio de 2019

RAFAEL ANGEL ALVAREZ PIMIENTO.

LA PIMIENTA ANGELICAL DE LA PROMOCION ENSIN 72:

Nació en un equipo de fútbol con un cambio, un solo capitalista y director técnico. Jugó de medio en el equipo mixto en partes iguales, y en el partido transcurrido, ya no cuenta con dos hermanos. Abrió los ojos por primera vez en Tipacoique, Boyacá, nombre inmortalizado más de un siglo por la obra narrativa y modelo para escribanos artesanos, como yo, escrita por Eduardo Caballero Calderón, bogotano de nacimiento y primer alcalde de esta población. Pero el personaje de esta crónica, lo “humanizaron” con agua bendita del páramo de Santurbán en Soatá, -que en lenguaje chibcha significa, labranza del sol-, reconocida tierra boyacense en las estribaciones del rio Chicamocha por la que pasó Bolívar y ofrendando varios hijos a la causa libertadora que este año, se conmemoran 200 años. De niño jugó en el parque Juan José Rendón bajo las palmas datileras, cohobos y almendros de esta población Santandereana.

Los padres, Jesús Álvarez Romero y Ana Rosa Pimiento ya cumplieron la misión terrenal, y de ellos, solo afloran los agradecimientos. A Zipaquirá provino de la Escuela Industrial de Garagoa en donde fue proclamado experto en mecánica industrial. En. 1.970 con otros tantos compañeros, entró al ENSIN para titularse en el grado séptimo, dos años después como Bachiller técnico en la misma especialidad.

 Rafael Alvarez, Norberto Cubides, en el encuentro del 24 de julio de 2019, luego de 47 años.

El compañero del bigote que semejaba frenada de triciclo logró en su trasegar existencial el prototipo del colombiano medio que se construyó con tesón, dedicación, experimentación, praxis y actualización tecnológica logrando entronizarse en el mundo empresarial con radio nacional.
Norberto Cubides y Rafaél Alvarez, brindan en Bogotá, luego de encontrarse 47 años después, augurando un primer encuentro de egresados de la ENSIN 72 colmado de alegrías y abrazos.

Rafael, a diferencia de la mayoría de la promoción INSEIN 72 empezó la vida laboral en la industria poniendo en práctica los conocimientos técnicos en mecánica industrial. No retornó a Soatá, Santander. Se radicó en la capital colombiana y fue vinculado como asistente de ingeniería de mantenimiento en un laboratorio alemán en donde laboró por 18 meses, iniciando luego, estudios en economía y filosofía en la INCCA; pero los ahorros, y la carencia de un trabajo, lo dejaron por fuera de las aulas universitarias. Retornó a la profesión, esta segunda vez, como tornero fabricante de repuestos para maquinaria agrícola, ganando experiencia y precisión con la cual fue enganchado en una tercera empresa que fabricaba grúas de levantamiento, y allí, fue tornero y fresador siendo ascendido como asistente de mantenimiento laborando por un quinquenio en esa empresa.

Y, así como gozaba estudiando y parrandeaba los fines de semana, en la jornada contraria trabajó como profesor de matemáticas en colegio privado en la capital salinera de Colombia, decidió retomar el riesgo de independizarse y con la experiencia acumulada, montó la primera empresa que le facilitara llegar al cielo primero que nosotros. Por 4 años fabricó veladoras, velas y velones para colmar la demanda de los creyentes que pedían milagros a sus santos, prendiendo luces en los altares de cada templo colombiano.

No ganó dinero ni acrecentó el patrimonio familiar, pero si ganó indulgencias. Regresó, en un cuarto, intento a la metalmecánica fabricando repuestos a granel para la empresa automotriz, Chrysler. Lo hizo en sociedad, y de ella, se independizó, seis años después constituyendo la tercera empresa en la que fabricaba piezas y ofrecía mantenimiento a la gran empresa colombiana; entre sus clientes estuvo Ecopetrol, Bavaria, Paz del Rio y la represa del Guavio.

Creía que ya había ganado  la ascensión al cielo con la fábrica de veladoras, justificando su segundo nombre-Ángel-, y para agilizar la trepada al mundo sideral, transformó el objetivo de la empresa y la bautizó como INMETATC dedicada a la fabricación, venta y alquiler de equipos de elevación para la industria de la construcción y alquiler de ascensores de carga y grúas verticales en el mercado nacional. La empresa que apareció en el mercado en el 2.000 la transformó en sociedad simplificada por acciones, SAS, cuyos accionistas, directivos y operadores son los integrantes de la familia.

Rafael, una vez se graduó en la ENSIN, olvidó la poligamia y monógamo se volvió. Fue en 1.979 que lo acompañaron al altar y desde entonces pertenece a María Elena Mendoza, oriunda de Duitama. Del matrimonio hay 4 hijos, y como desde siempre fue calculista estableció una razón y proporción 3 a 1. El primogénito, y único varón, lleva su nombre y es ingeniero mecánico. La segunda, Jenny Marcela es ingeniera industrial. Carmen Elena es ingeniera electrónica, Y Angela Bibiana es enfermera profesional. Carmen Elena esta radicada en el coloso del norte y en los tiempos libres hace operaciones de mercadeo con China para afianzar las operaciones de la empresa familiar en Colombia.

La ventaja de un mecánico es que puede producir piezas individuales y en línea. Como visionario mi buen amigo Álvarez, quien tenia piedad de mis necesidades afectivas, sobrados me dejaba para colmar, en parte, la soledad en Zipaquirá; al cuantificar las operaciones de la empresa familiar e identificar las necesidades del mercado en el sector de la construcción vertical, y sin haber ejercido como maestro, constituyó una segunda empresa de formación para “hacer un trabajo seguro en las alturas”. Con la unidad familiar constituyeron una segunda SAS identificada con el nombre comercial: ESOFORTEC RM. Registrada en 2.015 en el Ministerio del Trabajo y certificada por el Icontec. En esta escuela, los maestros, rusos, arquitectos, ingenieros, pintores, pierden el miedo a trabajar en alturas superiores a 1. 5 metros.

Rafael es un manantial de recuerdos y será quien nos saque de la amnesia que sufrimos algunos. De los hechos gratos que dejaron huellas como recuerdos que evocan nuestra juventud, a él también el internado en el parque Villaveces le produjo buenas amistades al compartir en el comedor con compañeros provenientes de diferentes ámbitos nacionales sentados a la mesa con compañeros más. Recuerda la cola para entrar y los afanes para salir a hacer lo mismo: hablar, caminar, evocar a las dulcineas y agradecer a los celestinos que abundaban entre los amigos.

Por culpa de la huelga en 1.972 terminamos graduándonos en diciembre 22 de ese año. Pero la época de cese académico, en todos, nos dejaron sorpresas, admiración, se despertaron deseos ocultos, contemplamos unos lo nunca imaginado y supimos de los gustos de otros compañeros, así como de sus locuras. Por disponer de mas tiempo, la libido era incontrolable; seguíamos hasta una escoba con naguas. Y los más atrevidos, experimentaron el amor por los animales, en particular el gusto por montar, sin silla, una “mariacasquitos”. Unos nos volvimos solidarios, y como en los primeros cristianos que compartían el pan; compartíamos las novias, sin recato y celos como los hippies que nos antecedieron en la década.

Recuerda con deleite las fiestas, ya con los Hispanos, ya con los Graduados que se organizaron para recaudar fondos para ir a la excursión, evento del cual estuve ausente, supongo porque no tenia ni la ropa adecuada, ni el dinero requerido para el paseo. Fueron las primeras fiestas celebradas en el gran salón de la ENSIN que nos entrego el ICCE. Y en ella, recibí ejemplos de cómo azotar baldosa, como solicitar una pieza a una chica, y como bailar música tropical con una chica sin amacizarla.

Rafaél recuerda con detalles la transición del internado a la independencia económica individual. Nos pagaban en efectivo la beca, y de ese ingreso, pagábamos el almuerzo, unos en restaurante, otros en alguna casa, y sobraba dinero hasta para ir al cine y tomar tinto para chicanear con alguna niña que cedía a la invitación. Por esa acción de manada, santandereanos y compañeros de faca y el llano, tomaron un lujoso apartamento en el barrio “in” de la ciudad.

Para reencontrarlos, les he llamado en esta serie, el clan de “los celmiros”, pues vivían en la casa de dos pisos de doña Celmira, viuda muy atenta con Cubides, y muy confiada porque me permitió inducir a la hija mayor, una niña adolescente, cuyo nombre intento no recordar para no herir susceptibilidades de algún compañero. Ese apartamento fue testigo de borracheras versos clases de cálculo; de jornadas de estudio y disfrute del tiempo libre. Fue escenario del diseño de estrategias para conquistar alguna estudiosa del liceo femenino, o tararear canciones de la época y probar pasos gogó y yeyé.

La ventaja de trabajar en las alturas y de tener la tranquilidad del nono es que ambos son un oasis de recuerdos que, al entrevistarlos, me contagiaron reviviendo hechos ya narrados y los que faltan por contar, como el citado por el personaje de esta crónica, cual fue la fusión que se dio, como experimentación entre el Liceo femenino y la ENSIN, llegando por primera vez, niñas a las aulas, hasta entonces, exclusivas para los varones.

Álvarez recuerda a la señora filántropa que gustaba vincular a los jóvenes al MORE, un movimiento educativo para ayudar a rehabilitar a los presos; y a ese grupo llegamos por cuenta propia “los celmiros”. Íbamos a alfabetizar a la cárcel municipal, teníamos un distintivo y varios nos enfrentamos por primera a una clase. Recuerdo en esa faena a Raúl Sánchez, Norberto, Rafael…

Fue del combo de “los celmiros” y de algunos de los integrantes, le brotan recuerdos. Cita a Raúl Sánchez por su señorío y entereza en estudiar. A Norberto por su tranquilidad al tomar decisiones. A Jorge Segura, por rostro andaquí, su contextura delgada y cara aplanada que sobresalía de los hombros rectos de los cuales siempre le vimos con sacos caqui. Estando Rafaél en su primera experiencia laboral, al taller entró una vez una persona semejante  de calle que, luego identificó como Jorge Segura, a quien auxilió y ayudó; había perdido el trabajo como mecánico en AVIANCA.  Pero, así como las hojas del calendario se las lleva el viento, No volvió a saber de Jorge Segura que  muy seguramente regresó al Caquetá.

Álvarez, quien actuó como pimienta, y a la vez, ángel en la promoción, dejó de practicar el voleibol, hace natación para mantenerse activo. En las empresas familiares hace presencia, y no falta su asistencia en los negocios gruesos en trabajo y utilidades. A su edad, muy similar a la nuestra, tiene tiempo para hablar con los amigos y está expectante para el encuentro, el cual desea, se realice antes del mes último del presente año.

POSTADA: Si usted, apreciado lector fue compañero del personaje de este relato, o, familiar de alguno de los mencionados en el relato, seria grato para mi,  confirmar que ustedes deja un comentario al terminar la lectura en el blog. Puede agregar anécdotas compartidas en el pasado con Rafaél Alvarez, expresar alguna emoción generada con la lectura, o, saludar a quienes en la historia, fueron personajes secundarios.


San Gil, julio 24 de 2019.

#NAURO TORRES

domingo, 28 de julio de 2019

RETAZOS DE MEMORIA DEL ITI DE ZIPAQUIRA

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Tras el rastro de los integrantes de la promoción técnica 1.972




En la década del sesenta y setenta del siglo XX, pocos en Colombia podían iniciar y terminar en bachillerato, y más difícil, graduarse como técnico, pero el MEN creo un programa de becas orientadas a los dos mejores estudiantes del grado 4o. en las escuelas industriales implementadas desde Zipaquirá, cuyo rector desde 1.969 empezó a difundir la información con los rectores de las escuelas industriales, y a la Escuela Industrial de Zipaquirá, llegaron jóvenes de lugares recónditos del país a continuar estudios técnicos. 


La educación técnica en Colombia empezó en 1.873 en Medellín bajo la sotana de los salesianos quienes empezaron la escuela de Artes y oficios con maestros traídos de Italia y España. En 1.905 abre las puertas el Instituto Técnico Central, regentado por Hermanos lasallistas en Bogotá.

En 1.946 surge en Colombia el bachillerato técnico industrial con seis años para graduarse. Y en 1.959, para lograr ser bachiller técnico, se requerían 7 años en el bachillerato. En 1.966 se reorganiza la educación técnica a nivel medio. En 1.970 nacen los INEM y en el mismo año, aparece en el país la educación privada que, con los años ha venido desplazando la educación pública.

ORIGEN, EXPANSION Y DESAPARICION DE LA ENSIN

La ENSIN en la que terminamos el bachillerato técnico la promoción 72 , es el resultado de una simbiosis, que se transformó de lo general a lo particular, siempre bajos los principios del saber. “saber ser”. “Saber hacer”, “Saber tener”.

En 1948, por Ley Nacional se crea el Instituto Pascual Bravo en Medellín, con el fin de formar profesores para cubrir la demanda de profesores para las escuelas y e institutos técnicos.

Un año después, en 1.948, el director de las escuelas urbanas del barrio Santiago Pérez de Zipaquirá, solicita al administrador de la empresa estatal Salinas de Zipaquirá,  que en los talleres de la empresa que funcionaba en el parque Villaveces, fuera la sede de la escuela industrial. Pero fue el presidente Mario Ospina Pérez, natural de Medellín, y minero de profesión, en visita a las Salinas, acoge la solicitud de crear la escuela Industrial, y, esta empieza a funcionar en lo que conocimos en 1.970  como el internado, y a la vez, asignó recursos para empezar la construcción del edificio para la institución en el barrio Eusebio Caro en donde venían funcionando los talleres para el entrenamiento escolar a nivel técnico.

La Escuela Industrial en Zipaquirá,  empezó a funcionar en febrero de 1.950 con 40 alumnos, pues el 24 de diciembre del año anterior, el gobierno nacional, delegó la administración y dirección a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la Comunidad San Juan Bautista de La Salle. Ya, en 1.951 ingresaron 90 alumnos que se distribuyeron en tres grupos con acceso a las siguientes especialidades: Ajuste y torno, Motores eléctricos, Electricidad, forja, y dibujo.

En 1.953 la Institución es bautizada como Escuela de Artes y Oficios Tulio Ospina dirigida por el MEN y se adicionaron tres especialidades más: Sastrería, ebanistería y mecánica automotriz.

En 1.964, mediante decreto 1295 la Escuela Normal Industrial que funcionaba en el Instituto Piloto  de Bogotá, es trasladada a Zipaquirá para fusionarse con la Escuela de Artes y Oficios, surgiendo una nueva institución que conocimos como ESCUELA NORMAL SUPERIOR INDUSTRIAL -ENSIN-. Esta institución educativa, creada para formar a los maestros de talleres de las escuelas e institutos industriales que fueron establecidos en ciudades intermedias y capitales,  empezó a funcionar en lo que fueron los talleres de  Salinas de Colombia, lugar al que llegamos muchos, becados, procedentes de diferentes partes del país. Y como tal, tenía una nueva misión institucional: “capacitar y perfeccionar a los profesores que requería la educación técnica del país”, y para lograrlo, ofreció becas a los dos mejores estudiantes de las escuelas industriales.
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Hubo cinco promociones  para profesores destinados a dirigir las especialidades de las escuelas e institutos técnicos nacionales creados para tal fin por el MEN; Tres promociones con dos años de normal, cuyo único requisito para ingresar era ser “experto industrial”. Una promoción con tres años de Normal cuyo único requisito era ser bachiller técnico industrial. Y otra cuyo requisito era haber cursado 4 años de estudio y haber cursado el bachillerato clásico.

Como Normal Nacional, continúo dando cursos de actualización y perfeccionamiento a los profesores del área técnica convirtiéndose, a nivel nacional, en centro de capacitación y actualización pedagógica. Y aunque hubo varios intentos para que alguna universidad los titulase como licenciados a los profesores de las especialidades, fueron infructuosas las gestiones y la ENSIN, bajo la tutela de la Universidad pedagógica nacional, desapareció como tal.


DE ESCUELA NORMAL INDUSTRIAL NACIONAL A INSTITUTO MUNICIPAL

Como una oblea a una niña admirada en alguna calle de la bella Zipaquirá, continuo narrando hechos históricos, episodios escolares y recuerdos de algunos estudiantes para ponerle arequipe a la primera reunión de egresados de la ENSIN promoción 1.972.

Como mayores que somos, las amistades escasean, pues la mayoría dedicamos el tiempo a los alumnos, y no cultivamos los amigos que demanda la soledad de la vejez. La idea central de estos serie de escritos, es restaurar la amistad y tener ocasión para hacer reminiscencias, reír y estrechar, a la distancia, nuestra amistad de mozos.




Nuestra normal Industrial, en menos de 30 años, sufrió una metamorfosis. Paso de ser escuela, a normal, y regreso a ser Instituto. Tuvo un papel protagónico a nivel nacional como centro de formación de maestros técnicos a regresar a servir a la población local en el campo industrial como establecimiento municipal.
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Tras los rastros de los estudiantes de la promoción 1.972

En 1.969 ocurrió la primera promoción de bachilleres técnicos. En este año el ICCE inició la construcción de las aulas y sede administrativa adyacente a los talleres. En 1.970, siendo rector, Carlos Ariza Páez, y el pastusito, Carlos Caicedo como coordinador académico, y coordinadores técnicos: Luis H. Gonzalez, Epimenio Cortes y Gonzalo Villamizar, fueron quienes velaron por la construcción  de las aulas, y el uso de éstas. Siendo ministro de educación,  Luis Carlos Galán Sarmiento, en 1.971 nuestra ENSIN fue recibida en administración por la Universidad Pedagógica Nacional, y ésta, logró desaparecer el nombre que aún tenemos grabado en nuestra memoria.

Al  retornar esta universidad, al MEN, empieza a llamarse Instituto Técnico Industrial para uso de las practicas de los estudiantes de la mencionada universidad y el bachillerato técnico. Y por aquello de la descentralización administrativa, pasó en 1.991 bajo la administración del municipio, y desde entonces se denomina ITIZ.

Es de grata recordación el rector Carlos Ariza Páez y el rector Luis Antonio Gelvez Contreras, quien nos graduó, siendo él, el primer rector designado por la UPN.

Los ENSIN 72, integramos las escasas promociones técnicas que tuvieron la oportunidad de convertirse en docentes en cada especialidad en los talleres técnicos que surgieron en escuelas e institutos dispersos por la Nación, y a varios de ellos, fueron nombrados un nutrido grupo de compañeros de la promoción 1.972. Pocos terminaron vinculados a la industria, otros lograron continuar estudiando, y muy pocos fueron emprendedores de sus propios negocios.

APRENDIENDO A SER MAESTROS

De los egresados 1.972 como bachilleres técnicos de la ENSIN, me atrevo a firmar, ninguno tenia en sus sueños, ser docente. A una nutrida mayoría les propusieron ser maestros, y fueron nombrados por EL MEN pocos meses después de graduados.

Con el objeto de  ubicar en el tiempo al lector egresado, y a la vez, descubrir qué fuimos conejillos para experimentar la propuesta de formar maestros para el área técnica en escuelas e institutos, sin darnos pedagogía y tener practicas docentes, y algo preocupante, sin estar informados previamente.

Esta experiencia de la ENSIN no alcanzo a un decenio, y ésta poco se encuentra escrito.  Elucubrando, la desaparición de esta experiencia educativa,  pudo ser decisión política al inyectar mayor presupuesto al Sena que había surgido en 1.957, institución que recibe flujo presupuestal de los empresarios y trabajadores, mientras que la inversión estatal en la dotación de herramientas, maquinaria y materiales en  los talleres de las escuelas técnicas fue mínima, convirtiéndose en espacios anquilosados y desactualizados que facilitasen la actualización, tanto de los docentes como de los estudiantes que siempre rotaron desde el grado sexto hasta el 9o.

Del grupo de los graduados de ambas jornadas, pocos mostramos habilidades pedagógicas, pero en casa y en el aula aprendimos a aprovechar las oportunidades. Se expandían los INEM, las escuelas se convertían en Institutos, y profesores para el área técnica, demandaba el Ministerio de Educación, pues el país entraba en la era de la industrialización que, aún continua, pero con mas mano de obra barata y más calificada.
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En el transcurso de 1.973, la mayoría quienes nos hemos reencontrando, convocados por José Antonio Ospina, actual docente del ITS de Florencia,  para asistir a una primera reunión de egresados 72, terminamos nombrados como maestros, sirviendo al país  en puntos estratégicos de Colombia. Y así, como lo comentó Norberto Cubides Salas en nuestra primera conversación, luego de 47 años, “Terminamos enamorados de la profesión, una vez transcurridos los primeros años de nuestro desempeño laboral”.

Al leer los bocadillos escritos por algunos en el  grupo de WhatsApp. -No todos son expresivos- encontré que varios  han mantenido alguna relación, por ser egresados de una misma escuela, o por ser docentes técnicos a nivel nacional convocados ocasionalmente por el MEN para eventos de integración y actualización. Aunque muchos, que haya averiguado,  no probaron los fracasos y logros de emprender “su propio negocio”, continúan laborando, y posiblemente lo harán hasta los 70 años. En el grupo se percibe el “gusto por compartir el saber”. Y en otros, el gusto por tener un descampadero sin afanes.
Placido Montenegro y José Antonio Ospina degustando un tinto, deciden convocar a los integrantes de la promoción 1.972  



SOMOS UNA ENSALADA RUSA




Los estudiantes de la ENSIN, 1.970-79 fuimos parte de una experiencia pedagógica que pretendia calificar y profesionalizar a los maestros requeridos para la área técnica de escuelas e industriales. Por causas, aun no identificadas ni plasmadas en documentos,  lastimosamente, se esfumó, y la ENSIN solo esta en los recuerdos de quienes por allí estudiamos becados por el Estado.

La promoción 71-72, estuvo integrada por jóvenes provenientes de diversas partes del país. Nos correspondió estrenar el internado, la sede en el Julio Caro de la ENSIN y algunos docentes de la UPN. Recuerdo al profesor de Idiomas. Tenia un rostro con huellas del acné juvenil. Nos motivó a leer literatura, y fue para mí, una palanca para enamorarme de las letras. Igual viene a mi memoria la profesora, Gloria, -me parece que era el nombre-. Sus clases de sociales fueron un despertar para informarnos del abuso, que aún cometen quienes ostentan el poder. Esta profesora me instó a involucrarme en lo social, y que, con los años, fue mi tablero de operaciones.

Recordar es un ejercicio que se incrementa con los años, y a la fecha de escribir este texto, leo en mi cuaderno del pasado los nombre y origen de los siguientes compañeros:  el grupo de “llaneros” Con  Gutiérres, Felix Antonio Enciso,  Placido Montenegro. El dúo de  “costeños” del carmen de  Bolívar: Mario Pelufo y Pedro Guzmán Vuelvas. El grupo de “Faca” con Manuel Mahecha,  Jesús Alberto Correa, Raúl Sanchez, Hector González. Las opitas, hermanos Guarnizo. Los caqueteños, Oscar Lemus, Felix Antonio Ospina y Jorge Segura. Los santandereanos Norberto Cubides, Abel Robles, Oscar Allen, Carlos Silva,  y el suscrito, Nauro Torres. Los cundinamarqueses: Alvaro Tena, Guillermo Galeano, Hugo Fernandez. Los bogotanos, Rafael Alvarez, Alfonso Quesada, “el sapo”. El valluno, Carlos Amaya, bautizado “gonorrea”, y en el grupo, han citado los nombres de los siguientes compañeros: Luis Carlos Iglesias, nunca olvidado porque se casó el día del grado; Jairo Riaño; Pablo Lozano, Jorge Eliecer Pinto, Victor Sosa, Jaime Cárdenas, Luis Fernando Lopez, Miguel Ignacio Castro, Jeremías Durante. Y otros que seguramente recordare, una vez me llegue la lista que he solicitado al ITIZ. Y de grata recordación las niñas que llegaron a estudiar del Liceo femenino, y que todos “veíamos como las venus zipas”. Gladys Palacios, Miryam Chacón, Otilia Quiroga, Carmenza Poveda y Hortensia Diaz Salazar. Y bueno, en la medida que ustedes me ayuden, precisaré este relato, para la posteridad. O mejor, para tener una pieza para el encuentro. Y conste,  no escribí, un cuarto. Una pieza para reírnos en algún momento en la reunión en la capital folclórica de Colombia.

Si de diversidad se trata, nosotros fuimos una ensalada rusa: mezclamos el ñame con la papa. La mamona con las morcillas. Las almojábanas con las obleas. El ajiaco con el sancocho. La fritanga con la carne asada. La yuca y el plátano con los granos. El suero costeño con la cuajada; las obleas con las cocadas, el pan de arroz con el pan de maíz, el canelo con el limón, el café con la agua de panela, la leche con la cerveza. Y todos, por primera vez, aprendimos a comer vegetales cereales y granos. ¿Cómo no recordar la bandeja de pedernal, larga, blanca, inundada de arroz nadando en aceite y lentejas acompañada de una papa salada? En ese entonces era para nosotros un manjar de los dioses que colmaba el hambre que fue nuestra compañera inseparable en nuestra vida de estudiantes en la ENSIN.

Aprendimos, o al menos los diferenciamos, el porro con la cumbia. El vallenato con el vals. El bambuco con la guabina. El requinto con el tiple. La carraca con el cuatro. La música campesina con la ranchera, el twist con el joropo. El rock kan rol con el vals, el tango con el bolero, la balada con rumba criolla.  Recuerdo que “tirábamos paso” con los grupos musicales de esa época: Los graduados, Los Hispanos y Los Beatles. Tarareamos la canción, “por ese palpitar” (https://www.youtube.com/watch?v=gACJrEHfNuo) de Sandro de América; “Fuiste mía un verano” (https://www.youtube.com/watch?v=RrwjYOs7q0M) de Leonardo Fabio; “una flor para mascar” de Pablus Gallinazo; Igual nos fascinaban alguna que otra  canción de Harold como “Camino a la ciudad”; las de Oscar Golden, “la boca de chicle” (https://www.youtube.com/watch?v=I02Hso_HdC4) y “El cacique y la cautiva”;  y de  Vicki de Colombia, “El pobre gorrión”(https://www.youtube.com/watch?v=MBJmFFlohyg),  y “llorando estoy”.- Mientras escribo estos recuerdos, ganas sobran de escuchar las canciones citadas, y esta vez, no tomar coca cola, sino un buen vino con alguno de mis compañeros de promoción .

Logramos, en la diversidad, ser la suma de saberes. Unos, estudiosos matemáticos, como Mario Pelufo y Pedro Guzmán. pulcros dibujantes, como Manuel Mahecha, Jesús Alberto Correa, Vera y Raúl Sánchez. La prudencia y don de gentes con Norberto Cubides. La feminidad con Quiroga y Hortensia Diaz Salazar. La timidez con Gladys Palacios. Los caminos de la coquetería con Rafael Álvarez Y Oscar Lemus. La tranquilidad con Héctor González. La experimentación con Jorge segura y Guillermo Galeano.  Las ganas por trabajar con los Guarnizo. El paso para bailar con Robles, y Segura. El disfrute de la amistad con Placido Montenegro y Felix  Enciso. El arrebato por echarse obligaciones con Luis Carlos Iglesias. Y como los colibríes, el deleite del néctar de las flores, con Pedro Guzmán, Rafael Álvarez y yo, recogía los pétalos, Mientras que los caqueteños siempre estaban punteando. Y varios aportamos  monedas´para  iniciar incipientes emprendimientos para sufragar las obleas y el cine. Unos cobraban por las planchas de dibujo; otros por las clases de cálculo; otros en sociedad con maestros, usábamos los talleres para hacer uno que otro trabajo; varios trabajamos los fines de semana, en lo que fuera, con el fin de obtener “billete” para ir a la matiné o a las empanadas bailables. Y varios nos desempeñamos como maestros.

Por los apellidos y nombres; por la contextura y piel; por la forma de vérnosla con la vida, fuimos un ejemplo de esa mezcla genética que dejaron los españoles con los indígenas que, casi extinguen a los machos para  apropiarse de un nutrido grupo de féminas para reproducirse como ratas.

Unos contagiaron a otros, en los gustos y pasiones. Los costeños eran felices comiendo arroz con lentejas. Otros comprábamos, leche “Algarra” en botella como onces y desayuno. Otros eran buenos boxeadores. Recuerdo una vez que terminé noqueado en un “santiamén” en el césped que rodeaba un monumento existente en el barrio Julio Caro. Y,  la mayoría, como nos tocó leer “Juan Tenorio” de José Zorrilla,  se  creían el personaje malvado y mujeriego  teniendo una chica que admirar en cada barrio y colegio. Según el bogotano Rafael Álvarez y el carmeno, Pedro Guzmán. Yo, ya no lo recuerdo, pero Norberto Cubides  refrescó mi memoria,  Había una competencia entre costeños, santandereanos, llaneros, caqueteños y bogotanos. Competencia por gozar de mas admiradoras, ya en el Liceo femenino, o en la normal.

Y en sana competencia “tenoria”, y sin escenas de machismo, para uno los labios de una chica eran de almíbar, y para la mancorna, agridulces; y en los comentarios de corrillos, sin que se enterasen los tenorios, se comentaba, el olor de una dulcinea y aroma de la de conquistada; el aliento de menta, para otro, y de cañería para el despectivo.

Rafaél Alvarez botaba la baba por una compañera; ella tenia piernas torneadas, y él, las calibraba; para otro pretendiente, la joven tenia cara de niña con ojos verdiclaros perdidos entre las cejas. Para el primero los besos se ofertaban en el parque, y al otro, en la sala de la casa. Al final, recuerdan a la dama como “reverbero”.

Y en el grupo no faltó “el atrapacunas”, que simulaban ser preparadores para menesteres posteriores. Las pescaban en los grados sexto a octavo en el Liceo Femenino.

Han transcurrido 47 años sin vernos, muchos; y cada uno tiene un “diario” que, a diferencia del de “Ana Frank” no narraran las penurias de una familia judía escondida por tres años en una casa taller, hasta que son descubiertos por los nazis y los separan llevándolos a campos de concentración dispersos en Europa.

 Nuestros diarios, en sus primeras hojas narraran aventuras como estudiante. Otras páginas narraran nuestras decisiones en conformar una familia y en encontrar la profesión. Habrá un capítulo sobre nuestros logros personales. Los logros como maestro, Los logros como padre, los logros como ciudadano. Y, muy seguramente, como es mi caso, el diario tendrá la ruta del dolor y el sufrimiento como un proceso de aprendizaje para ser, con los años, más sabios, más justos, más placenteros, y más humanos, y más espirituales.

ALIVIANDO EL EQUIPAJE

Nuestras vidas semejan un tren en el que aún viajamos. En cada estación conocemos personas, hacemos amigos, tenemos amistades, pero en algunas estaciones, unos se bajan, otros suben. Y, algunos continúan con nosotros, y anhelamos que iguales  nos acompañen hasta la estación final.


Y como ocurre, con los años vamos aumentando el peso de nuestras maletas, pero ya al alcanzar el sexto piso, comprendemos que debemos ir aligerando nuestras alforjas, pues al mundo llegamos, y de él partimos como llegamos.

Los carmelanos se movilizaban en tren, como los santandereanos. Los llaneros lo hacían en su flota insigne “La Macarena”. Las opitas, caquetenses y facas, usaban flotas intermunicipales con marcas reconocidas en cada región. Y a Zipaquirá, unos lo hacían en Expreso Zipa, Rápido el Carmen, o Transpacho.

Mi maleta fue objeto de burla entre algunos allegados. Hoy se le reconoce como bullying. Llegué a Zipa proveniente de una escuela industrial salesiana con sede en Mosquera, Cundinamarca. Allí  iba todas las tardes al taller de Artes gráficas dotado con maquinaria alemana e italiana a prepararme en ésta especialidad. Gracias a mi cara de santo- léase, bobo-, creo yo, hoy- y gracias a mi profesor de 5º. Primaria, fui seleccionado para entrar a iniciar el bachillerato con los padres salesianos con la intensión intrínseca de convertirme en “hermano laico” y en el mejor del caso, en cura, si hubiese nacido ungido con esa corona.

Como no fui dócil ni generoso con el padre rector en una de sus asesorías espirituales en su aposento, y por haber mal escrito una carta de amor a una niña que miraba pasar todos los domingos a dos cuadras de la cancha de fútbol, no me volvieron a recibir en el San José de Mosquera. Pero mi ángel protector, un sacerdote misionero salesiano santandereano de apellido Cortés, me llevo y consiguió el cupo en la INSEIN, en donde ingrese a principios de 1.970 a cursar el 4o. de bachillerato.

Como campesino, a la primera institución llegué con baúl con mis escasos haberes, luego me doté de una caja de cartón en una mochila de fique. Posteriormente tuve una maleta de cuero con fuelle. Y en ella, empacaba lo poco que tenía. Con los años aprendí que debemos alivianar la maleta. Nacimos sin nada. Y nos morimos llevando lo que trajimos: Nada.

De nuestros compañeros, varios partieron más temprano; en el grupo han informada Carlos Silva, natural de Bucaramanga,  Jaime Vera quien murió a los 48 años en Popayan:  Y, ya subiendo las escaleras para séptimo piso, deseo restablecer las amistades que alguna vez, afloraron en el seno de la ENSIN. Las amistades de la niñez y la juventud prevalecen en nuestros recuerdos, y saber de cada uno de ustedes, me ha fortalecido las defensa, afilado la pluma y distensionando los dedos, dando mayor sentido al ocaso existencial.

Cada uno tenemos un baúl rebosado de  recuerdos. Algunos de ellos, picantes; otros agridulces, y muchos dulces; varios aparecerán en estas crónicas, si los entrevistados deciden contar sin tapujos y condiciones. Los primeros escritos tienen un tinte amplio para contextualizar y ambientar las razones del encuentro. Las segundas, intentaré desnudar el alma a cada entrevistado para mostrarlo, tal como los recuerdo, contando anécdotas, historias, logros y sinsabores para reescribir el cuaderno de la vida y ordenar el baúl, cuyas paginas primeras fueron escritas con la participación de los integrantes de los grupos de amistades en que nos movimos mientras nos graduamos y luego, nos perdimos mientras cada quien, se enfrentó a las oportunidades y circunstancias para seguir nadando en el mar de la existencia en el que aún no encontramos rumbo al puerto del ocaso existencias.

MIRÁNDONOS EN EL ESPEJO.


Muchos ya estamos en el sexto piso, y otros ya treparon al séptimo. Y, como yo, pocos volvemos la vista al pasado. Pero las oportunidades, si las identificamos y aprovechamos, sacamos provecho o sabiduría de ellas.

Gracias al médico Guzmán Vuelvas, estoy en el grupo de whatsapp. Y la ocasión me ha permitido mirar por el espejo retrovisor  para  intentar hacer una breve evolución narrativa desde 1.969.

Bajo el puente de estos 47 años que han transcurrido desde el 22 de diciembre de 1.972, día del grado, y que fue la última vez que les vi, han pasado aguas cristalinas, oscuras, unas; turbias, otras; y algunas veces, el puente no ha tenido bajo su estructura, agua.

Con quienes he tenido la fortuna de hablar por teléfono, hemos platicado, y sin darnos cuenta, cada uno ha narrado lo vivido en cortos y sustanciosos párrafos. Y yo, he logrado grabar para escribir una breve biografía de algunos de  mis amigos juveniles. Pero una biografía para que sea creíble, necesita evidencias gráficas, y pocos  tenemos la habilidad para subir fotos usando en teléfono o el pc. Eso lo he comprobado al no encontrar  a varios en Facebook. En conferencias de mercadeo digital, afirman “que, si no se está en internet, no se existe “. Inviertan el  tiempo libre, desempolven los álbumes, escojan, seleccionen, scaneen y tengan listas en el Pc esas fotografías que solicitaré, respetuosa y oportunamente.

Es con los años transcurridos que podemos verificar si fuimos buenos padres, mejores esposos, recordados profesores. Nuestros alumnos y los recuerdos que ellos tengan de nosotros revelan si realmente fuimos “parteros” de ideas, habilidades y despertamos amor por el conocimiento como lo hizo  el filósofo griego,  Sócrates. El amor, el respeto y la recordación que tengan nuestros hijos, revelan si fuimos buenos padres. Son los ex-alumnos y los hijos, los espejos de nuestra labor. Y entonces, cosecharemos en abundancia lo sembrado.

Es en estos años que nos deleitamos de nuestras siembras. Es el tiempo de las evaluaciones, y en el que los meses y los años pasan como las aguas mansas en el manantial de la vida. Lentos. Ahora somos más reflexivos. Mas tranquilos, y si se quiere, más sabios.

ANSIOSOS POR ENCONTRARNOS EN 2.019

Yo, fui una isla en el grupo por las circunstancias que cada uno enfrentamos. Me presenté a los INEM, y no pasé para trabajar como docente. En las escuelas industriales no me tuvieron en cuenta por la especialidad que tenía, Artes Gráficas. Y que en la ENSIN era el taller más anquilosado que existía en la industria gráfica nacional. Sin embargo, por la especialidad, me vinculé en Bogotá con una empresa gráfica de talla nacional como corrector de estilo. Recuerdo que se llamaba ANDIGRAF, de propiedad de la familia Gómez Hurtado; Enrique, el gerente, murió hace unos días. Lo que ganaba no alcanzaba para sostenerme. Recibía más dinero como estudiante, ya haciendo tarjetas, talonarios y dando clases de educación física. Renuncié y regresé a mi vereda en Puente Nacional, y estando allí., por influencias políticas fui nombrado por la Gobernación de Santander en primaria en un corregimiento con el nombre de la Belleza en el municipio de Jesús María, región en el que nació el bandolero Efraín González, en agosto 10 de 1973.

Y una vez cumplida la edad para sacar la cédula, un día después de posesionado como maestro de escuela, a escondidas de los progenitores, nos comprometimos ante un cura alcahueta con el amor de mi niñez en agosto 11 del mismo año con quien compartí 28 hermosos años en los que florecieron 4 hijos, y en ese lapso, por nueve, vivimos y sufrimos el principio, desarrollo y fin de un cáncer de mama que, afortunadamente detecte, acariciándola una noche húmeda y caliente del verano que precedió la promulgación de la Constitución Colombiana vigente desde el gobierno de Gaviria.

Cuatro lustros y siete años es la suma de la experiencia que hemos vivido, ya como padres, maestros, o empresarios. Y en este tiempo, cada cual ha tejido su propia historia. Pero ha llegado el momento de reunirnos para entregarnos a las reminiscencias de los mozos años que convivimos en la capital salinera de Colombia como estudiantes de la recordada y desaparecida ENSIN.

El encuentro convocado por Ospina será el preámbulo de nuestro ocaso existencial sin perder al esperanza de celebrar las bodas de oro de nuestra promoción. Y posiblemente sea Ibagué, la ciudad que nos permitirá regenerarnos evocando y compartiendo recuerdos juveniles, compartiendo experiencias laborales, sabores y sinsabores de nuestras vidas afectivas. Será la ocasión también para mostrarnos en el espejo de las realizaciones de nuestros hijos, y de compartir las cuitas y los sueños frustrados, los sinsabores y los logros sumados.

Hay que tener en cuenta factores convenientes para repensar el lugar del encuentro, ya sea para el primero o como para el segundo. Zipaquirá es la ciudad que nos permitiría recoger nuestros pasos. Regresar al colegio, recorrer las calles coloniales, volver a las salinas, ir a la catedral, viajar en tren, contemplar la ciudad, identificar las calles, casas y barrios en los que nos movimos; sería una ocasión para renovarnos, restaurarnos y reencontrarnos.

NAURO TORRES
San Gil, julio 18 de 2019












































































































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