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viernes, 24 de abril de 2026

CANTOS QUE CRUZAN EL VIENTO DE ORIENTE: BITÁCORA DE MIS POEMAS PREMIADOS EN COLOMBIA

 

¿Se nace o se hace poeta?

Concluyo, con los años, que somos la fusión de la sensibilidad de los padres, de la curiosidad de nuestra niñez, de la siembra de maestros y familiares y de la asidua lectura literaria de narrativa, periodística y lirica; pero en especial, del gusto por escribir plasmando con palabras, nuestras reacciones del cuerpo y la mente ante estímulos, y en versos, las interpretaciones conscientes de nuestras emociones plasmadas en una libreta o en el ordenador y posteriormente leerlos, esconderlos, anhelando compartirlos o darlos a conocer en la posteridad, y en estas épocas, de repartir y difundir, ya en redes sociales o en un poemario.



En mi lírica, fue el amor la herida que canta y la luz que la nombra; es el impulso y memoria nacida de mis emociones intensas plasmadas como temblores en versos para contenerlo que me desborda y esta en mi que, con la suma de los años, podría borrarse y con la lectura posterior, hacer reminiscencias. Soy desde mi niñez, un enamorado que generalmente no quepo en esta realidad en que he vivido y he necesitado de la narrativa y la poesia para darme cuenta y contar que existo y existí en un una época, un espacio, un entorno y una región.

Sumaba trece años de experiencias vividas en la vereda Jarantivá en el municipio en el que las notas musicales del requinto y el tiple y el cántico de los copleros y copleras al ritmo del torbellino fueron las canciones y cánticos de cuna, niñez y juventud, cuando el cabello, las miradas, los ojos y su delineación corporal causaron mi curiosidad y atracción de una niña vecina que iba a la escuela pero no al mismo salón de Providencia en la que, en la década del sesenta del siglo XX convergían en la escuela infantes de cinco veredas, espacio que empezó en un corredor de la casa destinada al inspector de vías del tramo de red ferroviaria que atravesaba las mismas veredas desde Saboyá en Boyacá hasta Barbosa en Santander.



Las ganas de nadar en las páginas de libros y en los versos del autor de Rín rin renacuajo, el poeta colombiano, Rafael Pombo y los párrafos de la fábula, La Lechera del español Félix María Samaniego, las curiosidades por descubrir el origen de las cosas, de aprender matemáticas, biología e historia y del origen del lenguaje, del hombre y  del mundo, revelaron mis deseos de estar entre los primeros bachilleres de la vereda que solo lo alcanzaban si eran cazados como perdices para inducirlos al estudio sacramental y eclesial.

 En ese entonces mis padres con escasos recursos viviendo a la vera del camino indígena de la miel, la sal y las ollas en una mincha de terreno adquirido por posesión con esfuerzo por mis padres, el anhelo de ellos era repetir el quinto grado y alcanzar la edad para enrolarme como obrero del ferrocarril. Pero como al bobo se le aparece la Virgen, un día cualquiera de 1965, procedente de la capital colombiana en un tren de pasajeros, arribó un levita ya de edad tal calvo como lo estoy ahora, a la estación del tren de Providencia tras los pasos de uno de sus salvados de la ignorancia académica que pescó en una vereda del municipio de Bolivar, gracias que al chino le gustaba hacer de monaguillo cuando el párroco de Velez, Santander, iba a celebrar la eucaristía al poblado de Flores, otrora, punto de descanso de los comerciantes y campesinos que discurrían por el camino que unió al interior del pais con el rio magdalena. El chivato que buscaba el tonsurado era mi profesor José Manuel Suárez, el primer maestro varón que llegó a una vereda de Puente Nacional y en su oficio de enseñar indujo al grupo con los deportes de las patadas y los lanzamientos a un aro dos veces mas alto que cada jugador, y por el atletismo, deporte que ignorándolo, hacíamos cada uno despues del gateo y el pataleo metido en un calzón con pasantes enlazados en un bejuco  con tres tirantas que convergían en un nudo con llave por la cual pasaba un lazo de fique  montado en  una viga  soporte del tejado ya de zinc o de teja de barro que se mantenía colgado, y en él, uno con pañal de tela y fajero permanecía sentado con los pies escurridos rozando la tierra que servía de palanca para uno impulsarse para pararse y empezar a dar los primeros pasos sintiendo las caricias de la escueta tierra en las palmas de los pies.

El salesiano que fue director de la vocacional del Guacamayo, una puerta de entrada al Carare Opón desde El Socorro y que se fragmentó en el temblor de 1968 cayéndose sus puertas para siempre, platicó con el profesor, quien nominó a varios compañeros a quienes entrevistó y luego con su compañía y el invitado, visitó a cada familia para evaluarla con criterios católicos y proponer la oportunidad de estudiar interno en una escuela industrial y agrícola en Mosquera Cundinamarca. En la tienda La Esperanza, en la misma vereda, se reunieron con mi madre, la tendera y el cafetero, Miguel Agustín Torres, mi padre, y los cuatro determinaron mi futuro juvenil. Empecé a estudiar en el Colegio San José que tenía una biblioteca poblada de libros, unos espacios para huertas, campos deportivos y talleres para aprender dibujo técnico, mecánica industrial y artes gráficas. En tres años que estuve allí, me sedujeron los libros y la lectura se convirtió en mi compañera permanente, así como el escuchar cada día la lectura de fragmentos de una obra universal mientras nos alimentábamos y el aprendizaje de la tipografía la impresión mecánica y la offset.

Terminé en bachillerato técnico en la misma población donde estudió Gabriel García Márquez y el actual presidente de Colombia, Gustavo Francisco Petro Urrego. Mi primer oficio remunerado fue en ITALGRAF, una empresa de los Gómez Hurtado, familia conservadora en el poder político colombiano. Mas luego fui nombrado maestro de escuela por la Secretaría de educación de Santander en la Belleza Santander.

El origen y causas de mi tardío gusto por escribir poesía fueron: la muerte, el amor, la soledad, la sensibilidad y la contemplación. La muerte me arrebató a mi novia en la niñez; el amor que tejimos por 35 años me empujó a escribir retazos de historias sin contar, la soledad, la pandemia y el paisaje campesino me atropellaron, y escribí a principios del siglo XX, mi primer poema 13 dias antes de la muerte de mi Margarita.


“La muerte no llega con la vejez,

 se apronta con el olvido”

Nauro Torres Quintero

 

 

1.    Camposanto

01/11/2000

 

Henos hoy aquí, en la bahía del eterno río;

en la playa que el dolor sombrea,

en la ensenada donde tantos seres queridos,

náufragos en el mar borrascoso de la vida,

han llegado perecidos a sembrarse en el olvido.

 

Aquí, declina el sol de la existencia humana

entre el arrullo triste y lúgubre del silencio,

entre el soñar de los melancólicos árboles,

entre las oraciones de los seres piadosos

y entre el llanto de los seres que amó y aman.

 

Aquí reposan los restos de las personas que nos fueron caros,

las cenizas de los parientes y amigos

que la parca muerte los arrancó de su estar

transportándolos envueltos en cendales de luz a las alturas.

 

Aquí, señores, aquí en el cementerio

termina la ardua tarea de una vida;

aquí la flor que ayer aparecía lozana

en el bello jardín de la existencia,

hoy, yace mustia y desojada

regresando al seno de donde vinimos,

a la matriz de la madre tierra.

 

El camposanto guarece las ambiciones,

los honores, la ostentación, la prepotencia,

el orgullo, la vanidad, el desprecio al otro…

 

Aquí en la necrópolis en donde todos somos iguales

con nuestras lágrimas cantamos a la inmortalidad,

al amor, al recuerdo, al agradecimiento, a la eternidad

y nos secamos con pañuelos del olvido

en un epitafio cincelado en una piedra.

Desde entonces he registrado más de mil poemas revelados en mis libros en los que mi narrativa y lírica están fotografiadas para huroneos lectores. Soy asociado desde 2021 al Gremio Poetico colombiano- GPC- institución no gubernamental que aglutina a poetas colombianos y que desde 2023 organiza y entrega anualmente el premio VERSO DORADO. En ese año concursé y recibí dos galardones como autor del mejor poema y del mejor poema indígena.

Para los curiosos de mis escribanías y dudosos de mis premios, en esta entrada plasmo los poemas ganadores. “Tribulaciones” fue nominado y ganador como el mejor poema 2023 del Gremio Poetico colombiano. Este poema está publicado en el libro SIMBIOSIS- poemas del aquí y del allá  en 2023

“¡Tribulación humana¡

¡Cuántas palabras tristes estaban aún escondidas

en la entraña del hombre¡”

Roberto Arlt

 

207. Tribulaciones

07/06/2022

 

Deambulo descalzo por mi memoria

tras el rastro de la lluvia

hasta el hogar de mi tristeza.

 

Es la morada que acopia

los desastres del alma;

es lo mejorcito de cada uno,

es la juntanza de esperanzas, sacrificios,

amores, desamores y dolores.

 

La tristeza no es objeto de despojo,

es transparente como un rayo del sol

y es leal a ciertas alegrías.

 

Nacemos y morimos tristes;

en ese entretiempo,

ocasionalmente nos enamoramos

de cuerpos usualmente tristes

en los que la belleza, es un milagro.

 

Descalzos caminamos en peregrinación,

con tristes tribulaciones encarnadas en el bordón;

tornan las gotas de nuestro sudor,

en escuálida sapidez nostálgica.

 

Las huellas de la lluvia

nos regresan al hogar de los pesares,

chubasco enamorado, solitario y clandestino.

 

Y allí, rodeada la tristeza

de sus frágiles dogmas,

de sus resecas lágrimas,

y de un siglo de ensueños;

nos abraza apasionadamente

con un anticipado placer

empujándonos a trasegar

tras un soñado y jubiloso amanecer.

En el mismo año en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, recibí el premio VERSO DORADO 2023 como autor del mejor poema indígena: “Somos Uno” publicado en el libro “RELATOS Y VERSOS TRAVIESOS en el mismo año

“La vida no es más que una pasión inútil”
Jean Paul Sartre

 

350.     Somos Uno

2/705/2023

Somos Uno, predicó el mamo:

Somos los hermanos mayores,

persistió predicando a los hermanos menores.

 

Tenemos los conocimientos ancestrales

manteniendo el equilibrio ambiental

entre fuerzas celestiales y humanas,

predicó el makotoma arhuaco.

 

Los koguis, los arhuacos, moran

en los pliegues de la sierra de Santa Marta,

en las estribaciones de las cuencas hídricas

del Ariguaní, Fundación y el Aracataca.

 

El tutosoma, el gorro arhuaco semeja

la nieve de las cordilleras samarias;

los cabellos largos de los arhuacos,

encarnan venas con neviscas

fusionadas en borbollones de agua

que discurren placidas y refrescantes

montañas abajo oxigenando valles

por ríos, quebradas y ojos de agua.

 

La macana al joven, símbolo del trabajo arduo;

la mochila y el huso, a la rapaza un tejido

y una herramienta para trabajar en casa;

la aseguranza, manilla escudo de enfermedades;

el fogón del rancho, epicentro de la reunión familiar,

la maloka, la sinagoga de la comunidad serrana.

 

El aguardiente, la hoja de coca, el tabaco,

la acordeón, la caja y la guacharaca,

el algodón, la lana, el café, los ganados,

facilitan la convivencia pacífica arhuaca.

 

Somos Uno, predicó el mamo;

somos nieve, agua, tierra,

arcabucos, animales y aves;

asumen los koguis y arhuacos.

El 21 de abril de 2026 en el auditorio principal de la Biblioteca Nacional el GPC galardonó a 21 ganadores en igual número de categorías, con el premio VERSO DORADO 2025. Estuve nominado en tres categorías. Recibí dos premios como autor del mejor poema a la paz y el mejor poema de amor.

Para los lectores usuales y los que buscan en internet, así como quienes ya tienen alguno de mis libros, el mejor poema de amor está en el libro ERES UN POEMA que tiene 187 poemas y 27 cuentos en 380 páginas.



  

"La ignorancia, la raíz y el tallo

 de todos los males".

Platón.

 

414.”Eres todo”

8/04/2025

¡Oh tú, aliento del universo en mi pecho!,
¡oxígeno bendito que respiro en cada instante de mi ser!
Sin ti, mi vida se apaga como vela sin fe,
como luna sin noche, como pájaro sin cielo.

Eres el agua que corre por mi sed eterna,
el manantial que nace en mis desiertos,
la lluvia que besa mis grietas con ternura,
el río que entona mi canto hacia lo eterno.

Eres la luz —sí, la luz—
la que despierta las sombras de mi alma,
la que incendia mis pupilas con su fulgor sagrado,
la que hace que mis pasos tengan sentido y horizonte.

Eres naturaleza viva en mi pecho,
eres bosque, eres viento, eres flor que no marchita,
eres el canto de los grillos cuando el amor no duerme,
eres la raíz que me sostiene, el fruto que me redime.

Eres fuego.
No ese que quema la carne,
sino el que incendia el alma y la vuelve estrella.
¡Ay, amor mío, si tú me faltaras,
arderían los siglos en mi pecho vacío!

Eres el combustible que enciende mis días,
la chispa que despierta cada célula de mi anhelo,
la fuerza secreta que empuja mis latidos al alba,
el impulso que desafía a la muerte con un beso.

Eres sincronía perfecta en mi caos,
latido que danza con mi pulso sin error,
minuto exacto donde el tiempo se arrodilla,
oración que se repite sin cansancio ni final.

Eres fusión. Eres unión. Eres mezcla divina,
como dos galaxias que se funden sin ruido,
como tinta y papel, como mar y horizonte,
como tú y yo: un solo eco, un solo destino.

Eres sinergia de almas, conjuro y eternidad,
porque contigo todo suma, todo canta, todo brilla,
porque sin ti —¡escúchame bien!—
yo no sería más que sombra olvidada en el viento.

Eres todo.
Eres todo.
Eres todo.
Y todo, amor mío...
soy yo cuando tú me nombras.

Y el mejor poema a la paz será incluido en mi proximo libro que tambien tendrá prosa y poesia.

 

"La verdadera riqueza no consiste en tener muchas posesiones,

sino en tener pocos deseos".

 Epicteto.

 

416.¡Ven¡ siembra la paz¡

11/04/2025

¡Ven, labrador de esperanzas no dichas!
¡Ven, tú que portas el surco y el canto!
¡Ven, mujer de montaña, hombre de río, niño del viento y anciano del llanto!
Que la Paz no es paloma:
es semilla que exige tus manos despiertas,
¡y no se cultiva desde el sofá ni el espanto¡

¡Despierta, sembrador del mañana!
La Paz no es discurso, ¡es minga sagrada!
Ella llama, llama y clama:
“¡No soy descanso ni premio, soy siembra y jornada!”

Soy la voz del fogón compartido,
la danza del diálogo en torno al maíz,
soy la justicia con rostro de anciana,
y la memoria que sangra… ¡Pero no huye ni se echa a morir!

¡Ven tú, que miras y callas!
¡Ven tú, qué opinas sin arar la tierra!
Porque el que no siembra paz con su verbo y sus actos,
¡cosecha odio, envenena la siembra,
y se vuelve tormenta que rompe las puertas!

¿No ves cómo el silencio es cómplice del trueno?
¿No oyes cómo el miedo multiplica las balas?
¡Que tus pasos sean eco de un pueblo que grita:
“Queremos verdad que no tiemble ni se atrinchere tras la muralla!”

¡Ven! No hay minga sin tu machete,
ni surco sin tu sudor comprometido.
¡Aquí no hay ricos ni pobres, ni altos ni bajos!
Sólo hermanos que entienden que el pan se comparte
si la justicia riega lo que juntos hemos unido.

¡Levanta la voz, pacificador del asombro!
Haz del perdón tu azadón,
y de la verdad, tu semilla sin sombra.

¡Haz que la memoria no sea piedra que pesa,
sino puente que besa las orillas rotas!

La Paz no es bandera ni flor en desfile,
ella es maíz en la olla,
fruto en la rama,
¡niña jugando en la calle sin miedo al fusil ni al trauma!

Y si tú, sí tú…
si tú decides quedarte al borde del campo,
sin sembrar, sin hablar, sin hilar la esperanza,
¡eres fuego sin llama,
eres hambre en la danza,
eres cómplice eterno de la noche sin alba!

Por eso te invoco, con viento en la voz:
¡no más espectadores en esta cosecha!
¡Que todos pongamos la vida en la mesa,
que todos abonemos con valores y hechos
la patria soñada que espera su siembra!

¡Oh, Paz, ¡tú caminas descalza y altiva!
Tu canto se escucha en las manos que dan,
en la escuela que enseña,
en la ley que protege,
y en cada mirada que deja de odiar.

¡Ven!
¡Haz minga con nosotros!
¡Que, sin tu sudor, sin tu abrazo sincero,
el árbol del pueblo jamás dará fruto,
y la Paz se marchita…
como espiga sin suelo!

 

jueves, 2 de abril de 2026

Homenaje poetico al musico sangileño JOSÉ GERARDO NORIEGA RODRÍGUEZ

En la memoria viva de San Gil resuena tu nombre,

José Gerardo Noriega Rodríguez,
eco de cuerdas antiguas que aún vibran
en el alma del tiempo.

Fuiste semilla y viento,
arpegio sembrado en la tierra fértil del recuerdo;
como río que no cesa,
tu música fluye —eterna, inagotable—
entre generaciones que te nombran sin saberlo.



¡Oh maestro!,
luthier del aire,
tejedor de silencios que hablan,
tus manos eran dos pájaros de madera
que al rozar la cuerda despertaban auroras.

San Gil —tu casa, tu pentagrama—
late en cada nota que dejaste suspendida,
como luciérnaga en la noche del olvido.
Y el tiempo, ese viejo testigo,
se inclina reverente ante tu legado.

Fuiste metáfora viva:
sol en la penumbra,
canto en la ausencia,
memoria en la distancia.

Y hoy, en esta Semana Santa de recogimiento y memoria,
tu nombre es campana que convoca,
es incienso que asciende,
es plegaria convertida en melodía.

¡Cómo no cantarte!,
si en cada cuerda vibra tu espíritu,
si en cada acorde florece tu esencia,
si en cada silencio habita tu presencia.

Antítesis de la muerte:
porque te fuiste, pero permaneces;
porque callaste, pero resuenas;
porque partiste, pero vuelves
en cada mano joven que pulsa la herencia.

Hipérbole del arte:
fuiste infinito en lo finito,
mar en la gota,
universo en un trino.

Y yo, humilde poeta de tu tierra,
intento —vana osadía—
atrapar en palabras lo inefable,
dibujar con versos lo invisible.

Mas sé que eres más que el lenguaje,
más que la metáfora,
más que la historia:

eres música.

Y la música, maestro,
no muere.

Solo se transforma
en eternidad.


NAURO TORRES QUINTERO

Puente Nacional- abril 2/2026

jueves, 26 de marzo de 2026

Homenaje poetico a Hortensia Salazar, sangileña.

 En la memoria tibia de San Gil

queda un hilo de luz que no se rompe,

un rumor de telas que aún respira
en las manos del tiempo.


Hortensia, nombre de flor antigua,
de jardín bordado en silencios,
fuiste aguja y latido,
fuiste el pulso escondido
en cada vestido que soñó la ciudad.


Por más de medio siglo
hilvanaste historias sin ruido:
novias que temblaban como auroras,
quinceañeras al borde del vuelo,
lutos que aprendían a llorar con dignidad.

Y en cada puntada,
iba tu ternura cosida,
tu paciencia de río,
tu feminidad serena,
hecha de fuerza sin estruendo.

Nunca pediste aplausos,
ni vitrinas, ni medallas;
pero en cada espejo encendido
había un reflejo tuyo,
en cada paso firme de mujer,
tu sombra elegante caminando.

Fuiste más que costurera:
fuiste guardiana de instantes,
arquitecta de memorias,
artista de lo invisible.

Hoy que el silencio pronuncia tu ausencia,
la ciudad se recoge en sus telas,
y en cada encaje florece tu nombre
como un susurro que no se apaga.

Que te nombren las agujas del viento,
que te recuerden los pliegues del alma,
porque donde hubo un vestido tuyo,
hubo belleza, hubo historia,
hubo vida.

Y así, sin mármol ni bronce,
tu legado permanece:
en la elegancia de un gesto,
en la gracia de una mujer que camina,
en la memoria íntima de un pueblo
que, aunque tarde,
hoy te reconoce eterna.

sábado, 21 de marzo de 2026

Al Colegio San José de Guanentá,

 

88 años despues encontré en una ajada revista: AURAS DE FONCE este poema que al interiorizarse y comprenderlo sentí envidia de la buena, no solo por el talante de quien lo escribió, sino de los alumnos que por las aulas en esa época transitaron. Pero es mejor que usted amigo lector, sea quien infiera y aprecie la lírica de un estudiante que lo compuso para despedirse de su claustro, en ese entonces dirigido por Hermanos Lasallistas. La bella y pulcra revista fue un espejo del sentido del  periodismo, la responsabilidad intelectual y amenidad de una época plasmada en letras de molde por El Colegio San José de Guanentá, en ese entonces, dirigido por los hermanos lasallistas. 


AL GUANENTÁ

Por José Manuel Prada S.


¡Guanentá¡ al despedirme viene el llanto

a borrar estos versos, este canto

que encierra entre sus notas despedida;

al despedirme,  tras la densa bruma

viene el dolor a renovar la herida

y a impedir que maneje bien la pluma.


Porque marca el compás del sentimiento

la eterna evocación del sufrimiento

y el amargo cantar de quien se aleja,

porque viene en sendales la tristeza

a arrancar del viajero triste queja

y a trocar bellas flores en maleza:



Porque con el dolor salen las notas

cual las que vibran en las cuerdas rotas

del arpa que ha quedado abandonada;

porque es el despedir algo tan triste

que aunque cantar quisiera, despiadada, 

la suerte del mutismo me reviste.



Pero debo cantar. La poesía 

que toques da de mágica alegría

en la hermosa mansión del pensamiento,

me dice que cantar es mi destino

aun cuando en ello encontraré el tormento

de las aguas zarzas del camino.


Cantar...aunque se aumente mi quebranto

al tierno asilo que envolvió en su canto

a un pobre soñador meditabundo;

cantar aunque se eleven temblorosos

y henchidos de dolor siempre profundo

estos mis versos, hacía venturosos.


Confines donde reina la esperanza;

cantar cuando en el alma la bonanza

no quiere colocar su bello asiento,

es algo que no puedo. Mas, ahora

es preciso que surja el sentimiento

con estos versos donde el alma llora.


Yo no puedo cantar...decir que llore

que en vez de mi canción, sólo desflore 

esos recuerdos de ilusión nimbados;

decid que evoque el pasado de mi vida, 

decid que sueñe en triunfos no alcanzados

y escuchareis mi nota dolorida. 


Debo callar. Las notas destempladas

que da mi lira, van desordenadas

hacia región ignota y bendecida,

mejor es pregonar con oraciones

lo que la lengua vil y enmudecida

no es capaz de expresar en las canciones.


Quisiera ser el ruiseñor que canta

sin saber que en su canto se levanta

la más bella y sublime melodía;

quisiera ser la flor que en la mañana

espera que en su cáliz se deslia 

el rocío que en perlas se desgrana.


Quisiera ser el humo que se eleva,

que en espirales a la altura lleva

la oración del hogar que se consume;

quisiera ser la fuente cristalina 

que retratando va, mientras se mueve,

el paisaje que en ella se declina.


Quisiera ser la tarde que naufraga

en medio de la sombra que es la maga

que sabe lo es: melancolía;

quisiera ser la brisa matutina

para arrancar la hermosa poesía

que hay en los frondas llenas de neblina. 


Todo quisiera ser para cantarte

para siempre decir que ha sido amarte 

mi único ideal, mi único lema;

pero muere la voz en mi garganta 

y no salen las notas del poema

que quisiera entonar. 


Ya se levanta

cual triste evocación la despedida,

y el alma de lo siempre transita

solo logra elevar triste lamento, 

que al confundirse en la extensión sombría

va a llevar mi pobre pensamiento

en vez de versos cruel melancolía.


Despedirme...decir adiós..dejarte

para vivir de la añoranza. Hablarte

por la vetusta reja del recuerdo,

y no poder alzar siquiera un canto.

-estoy loco de pena o estoy cuerdo?

-Porque no empiezo a desgranar mi llanto?


Debo llorar...Me voy, y tu te quedas

¡Oho viejo caserón¡ ¡Qué triste ruedan

lejos de ti los dias y los años¡

Con mi dolor mi eterno compañero

y envuelto por los crudos desengaños

tal vez muy pronto caigo en el sendero.


Me llevo los recuerdos como herencia

para rumearlos en la triste ausencia

cuando en dolor hasta mi puerta llame. 

Pero al decirle adiós...no se que pasa

allá en lo alma. Déjeme que clame

porque el dolor mi corazón traspasa.



Adiós ¡oh Guanentá¡ Vetusto alero

donde rodó mi juventud. Certero

golpe de puñal hoy hiere mi corazón.....


Te dejo...pero escucha: en la vida

cuando luchando vaya y la ilusión

brille allá en mi cielo oscurecida

por las nubes de dudas y temores,

entonces ¡Guanentá de mis amores¡

que sea tu nombre el faro que ilumine

la senda de mi vida, y que la duda

huya como sombra, y aunque ruda

la batalla será, que al fin termine

bendiciendo tu nombre sacrosanto

y alzando hacia el eterno tierno canto

que encierra la expresión de la aventura

del que cruzó sufriendo en la existencia

y que espera de Dios benevolencia 

cuando su vuelo tienda hacia la altura.


Más no es tan solo a ti a quien entone

estos cantares sin compases ni tono

que son del llanto la expresión patente,

canto a la gratitud es un poema

que se alza en los salones de la mente

envuelto en los cendales del emblema.


Canto a la gratitud porque mi vida

se deslizó por senda florecida,

por la senda brillante del ensueño,

canto a aquellos que al bien me encaminaron 

y que con santo y paternal empeño

el vino de la ciencia me ofrendaron.


Y justo es hoy que al retirarme evoque  

y con amor y con ansiedad, retoque

el pasado feliz de existencia;

justo es que tribute la alabanza 

porque a ellos me obliga la conciencia

y prima gratitud en la alabanza.


Cuando chicuelo por la senda dura

del estudio empecé con amargura

jamás imaginé ¡Cuán bella fuera¡

esa senda feliz que no termina;

yo era una flor abierta a la quimera,

del sol a la caricia matutina. 


Nada sabía. Henchido de ilusiones 

daba vuelo veloz a mis canciones

todas llenas de amor y fantasía, 

y al ascender hacia la cumbre santa

sentí los toques de la poesia

y a los guijarros desgarrar mi planta. 



Entonces levanté mi vista al cielo

demandó piedad, y con anhelo

devisionario contemplé en la altura,

estrellas que brillantes me miraban

y parecían sonar con mi ventura;

eran gotas de amor que titilaban.


Amor a qué?... a la indomable ciencia,

al estudio, a los libros. Con demencia

empecé a recorrer la hermosa senda

y en cuanto un viejo libro yo encontraba,

como valiosa e ignorada prenda

en mi mente de niño conservaba.


Entonces parecióme que sentía 

los toques de la ignota lejanía,

y fuí a posarme, en un alero santo,

fuí al seminario do pasé tres años 

libre de angustias y penoso llanto

y libre de tristezas y de engaños.


Aquí debo tambien alzar mi canto 

a los que con amor y empeño santo 

forjaron mi alma con amor más puro,

a los que ayer la vida me mostraron

y me alejaron del fangal impuro:

¡Loor a ellos porque me formaron¡


Después El Guanentá me abrió sus puertas

y reviví las ilusiones muertas

bajo el vetusto y misterioso alero;

soñé, bagué por la extensión sombría,

y a las llamadas del amor primero

levanté mi canción a la alegría.


Hoy me debo alejar. Se abre la vía:

hay toques de cruel melancolía 

en estos versos que el dolor desgrana.


Me voy por el sendero de la vida

recordando la plácida mañana, 

recordando el hogar do allé cabida.


   Me voy, la gratitud es signo santo

que el corazón pregona en este canto

que encierra la honda queja dolorida;

me alejo pronunciando con cariño

frases cual las que dice el triste niño

cuando a la madre da la despedida.


Adiós hogar donde aprendí a ser hombre;

adiós ¡Oh Guanentinos¡ Vuestro nombre

ha vivido de brazo con la gloria.

Adiós maestros sabios y prudentes,

¡Mirad el porvenir siempre sonrientes,

a través de vuestra obra meritoria¡


¡Oh sabios escultores de las almas¡:

para vosotros las celestes palmas;

tremolan ya bandadas de querubes;

cruzad serenos por el vano mundo,

vuestro puesto ha de ser entre las nubes

lejos de aqueste lodazal inmundo.


Y por eternidad de eternidades 

tendréis en premio de dificultades

la gloria inmensa en la serena altura;

el apóstol es la luz y si declina

vuelve a surgir más lleno de hermosura

hecho una estrella que nos ilumina.


José Manuel Prada

Noviembre 17 de 1938 Auras de Fonce No. 47

 









  









CANTOS QUE CRUZAN EL VIENTO DE ORIENTE: BITÁCORA DE MIS POEMAS PREMIADOS EN COLOMBIA

  ¿Se nace o se hace poeta? Concluyo, con los años, que somos la fusión de la sensibilidad de los padres, de la curiosidad de nuestra niñe...