¿Se nace o se hace poeta?
Concluyo, con los años, que somos la fusión de la
sensibilidad de los padres, de la curiosidad de nuestra niñez, de la siembra de
maestros y familiares y de la asidua lectura literaria de narrativa,
periodística y lirica; pero en especial, del gusto por escribir plasmando con
palabras, nuestras reacciones del cuerpo y la mente ante estímulos, y en
versos, las interpretaciones conscientes de nuestras emociones plasmadas en una libreta o en el ordenador y posteriormente leerlos, esconderlos, anhelando
compartirlos o darlos a conocer en la posteridad, y en estas épocas, de repartir
y difundir, ya en redes sociales o en un poemario.
En mi lírica, fue el amor la herida que canta y la luz
que la nombra; es el impulso y memoria nacida de mis emociones intensas
plasmadas como temblores en versos para contenerlo que me desborda y esta en mi que, con la suma de los años, podría borrarse y con la lectura
posterior, hacer reminiscencias. Soy desde mi niñez, un enamorado que generalmente
no quepo en esta realidad en que he vivido y he necesitado de la narrativa y la
poesia para darme cuenta y contar que existo y existí en un una época, un
espacio, un entorno y una región.
Sumaba trece años de experiencias vividas en la vereda
Jarantivá en el municipio en el que las notas musicales del requinto y el tiple
y el cántico de los copleros y copleras al ritmo del torbellino fueron las
canciones y cánticos de cuna, niñez y juventud, cuando el cabello, las miradas,
los ojos y su delineación corporal causaron mi curiosidad y atracción de una
niña vecina que iba a la escuela pero no al mismo salón de Providencia en la que, en la década del sesenta del siglo XX convergían en la
escuela infantes de cinco veredas, espacio que empezó en un corredor de la casa
destinada al inspector de vías del tramo de red ferroviaria que atravesaba las
mismas veredas desde Saboyá en Boyacá hasta Barbosa en Santander.
Las ganas de nadar en las páginas de libros y en los versos del autor de Rín rin renacuajo, el poeta colombiano, Rafael Pombo y los párrafos de la fábula, La Lechera del español Félix María Samaniego, las curiosidades por descubrir el origen de las cosas, de aprender matemáticas, biología e historia y del origen del lenguaje, del hombre y del mundo, revelaron mis deseos de estar entre los primeros bachilleres de la vereda que solo lo alcanzaban si eran cazados como perdices para inducirlos al estudio sacramental y eclesial.
En ese
entonces mis padres con escasos recursos viviendo a la vera del camino indígena
de la miel, la sal y las ollas en una mincha de terreno adquirido por posesión con
esfuerzo por mis padres, el anhelo de ellos era repetir el quinto grado y
alcanzar la edad para enrolarme como obrero del ferrocarril. Pero como al bobo
se le aparece la Virgen, un día cualquiera de 1965, procedente de la capital
colombiana en un tren de pasajeros, arribó un levita ya de edad tal calvo como
lo estoy ahora, a la estación del tren de Providencia tras los pasos de uno de
sus salvados de la ignorancia académica que pescó en una vereda del municipio
de Bolivar, gracias que al chino le gustaba hacer de monaguillo cuando el párroco
de Velez, Santander, iba a celebrar la eucaristía al poblado de Flores, otrora,
punto de descanso de los comerciantes y campesinos que discurrían por el camino
que unió al interior del pais con el rio magdalena. El chivato que buscaba el tonsurado
era mi profesor José Manuel Suárez, el primer maestro varón que llegó a una
vereda de Puente Nacional y en su oficio de enseñar indujo al grupo con los deportes
de las patadas y los lanzamientos a un aro dos veces mas alto que cada jugador,
y por el atletismo, deporte que ignorándolo, hacíamos cada uno despues del gateo
y el pataleo metido en un calzón con pasantes enlazados en un bejuco con tres tirantas que convergían en un nudo
con llave por la cual pasaba un lazo de fique montado en una viga soporte del tejado ya de zinc o de teja de
barro que se mantenía colgado, y en él, uno con pañal de tela y fajero permanecía
sentado con los pies escurridos rozando la tierra que servía de palanca para
uno impulsarse para pararse y empezar a dar los primeros pasos sintiendo las
caricias de la escueta tierra en las palmas de los pies.
El salesiano que fue director de la vocacional del
Guacamayo, una puerta de entrada al Carare Opón desde El Socorro y que se fragmentó
en el temblor de 1968 cayéndose sus puertas para siempre, platicó con el
profesor, quien nominó a varios compañeros a quienes entrevistó y luego con su compañía
y el invitado, visitó a cada familia para evaluarla con criterios católicos y
proponer la oportunidad de estudiar interno en una escuela industrial y agrícola
en Mosquera Cundinamarca. En la tienda La Esperanza, en la misma vereda, se
reunieron con mi madre, la tendera y el cafetero, Miguel Agustín Torres, mi
padre, y los cuatro determinaron mi futuro juvenil. Empecé a estudiar en el Colegio
San José que tenía una biblioteca poblada de libros, unos espacios para huertas,
campos deportivos y talleres para aprender dibujo técnico, mecánica industrial
y artes gráficas. En tres años que estuve allí, me sedujeron los libros y la
lectura se convirtió en mi compañera permanente, así como el escuchar cada día la
lectura de fragmentos de una obra universal mientras nos alimentábamos y el aprendizaje
de la tipografía la impresión mecánica y la offset.
Terminé en bachillerato técnico en la misma población donde
estudió Gabriel García Márquez y el actual presidente de Colombia, Gustavo
Francisco Petro Urrego. Mi primer oficio remunerado fue en ITALGRAF, una
empresa de los Gómez Hurtado, familia conservadora en el poder político colombiano.
Mas luego fui nombrado maestro de escuela por la Secretaría de educación de
Santander en la Belleza Santander.
El origen y causas de mi tardío gusto por escribir poesía
fueron: la muerte, el amor, la soledad, la sensibilidad y la contemplación. La
muerte me arrebató a mi novia en la niñez; el amor que tejimos por 35 años me
empujó a escribir retazos de historias sin contar, la soledad, la pandemia y el
paisaje campesino me atropellaron, y escribí a principios del siglo XX, mi primer
poema 13 dias antes de la muerte de mi Margarita.
“La muerte no llega con la vejez,
se apronta
con el olvido”
Nauro Torres
Quintero
1. Camposanto
01/11/2000
Henos hoy aquí, en la
bahía del eterno río;
en la playa que el dolor
sombrea,
en la ensenada donde
tantos seres queridos,
náufragos en el mar
borrascoso de la vida,
han llegado perecidos a sembrarse
en el olvido.
Aquí,
declina el sol de la existencia humana
entre el arrullo triste y lúgubre del silencio,
entre el soñar de los
melancólicos árboles,
entre las oraciones de
los seres piadosos
y entre el llanto de los
seres que amó y aman.
Aquí reposan los restos
de las personas que nos fueron caros,
las cenizas de los
parientes y amigos
que la parca muerte los
arrancó de su estar
transportándolos envueltos
en cendales de luz a las alturas.
Aquí, señores, aquí en
el cementerio
termina la ardua tarea
de una vida;
aquí la flor que ayer
aparecía lozana
en el bello jardín de la
existencia,
hoy, yace mustia
y desojada
regresando al seno de
donde vinimos,
a la matriz de la madre
tierra.
El camposanto guarece
las ambiciones,
los honores, la
ostentación, la prepotencia,
el orgullo, la vanidad,
el desprecio al otro…
Aquí en la necrópolis en
donde todos somos iguales
con nuestras lágrimas cantamos
a la inmortalidad,
al amor, al
recuerdo, al agradecimiento, a la eternidad
y nos secamos con
pañuelos del olvido
en un epitafio cincelado
en una piedra.
Desde entonces he registrado más de mil poemas revelados en mis
libros en los que mi narrativa y lírica están fotografiadas para huroneos lectores.
Soy asociado desde 2021 al Gremio Poetico colombiano- GPC- institución no
gubernamental que aglutina a poetas colombianos y que desde 2023 organiza y
entrega anualmente el premio VERSO DORADO. En ese año concursé y recibí dos galardones
como autor del mejor poema y del mejor poema indígena.
Para los curiosos de mis escribanías y dudosos de mis premios,
en esta entrada plasmo los poemas ganadores. “Tribulaciones” fue
nominado y ganador como el mejor poema 2023 del Gremio Poetico colombiano. Este
poema está publicado en el libro SIMBIOSIS- poemas del aquí y del allá
en 2023
¡Cuántas palabras tristes estaban aún
escondidas
en la entraña del hombre¡”
Roberto Arlt
207.
Tribulaciones
07/06/2022
Deambulo
descalzo por mi memoria
tras
el rastro de la lluvia
hasta
el hogar de mi tristeza.
Es
la morada que acopia
los
desastres del alma;
es
lo mejorcito de cada uno,
es
la juntanza de esperanzas, sacrificios,
amores,
desamores y dolores.
La
tristeza no es objeto de despojo,
es
transparente como un rayo del sol
y
es leal a ciertas alegrías.
Nacemos
y morimos tristes;
en
ese entretiempo,
ocasionalmente
nos enamoramos
de
cuerpos usualmente tristes
en
los que la belleza, es un milagro.
Descalzos
caminamos en peregrinación,
con
tristes tribulaciones encarnadas en el bordón;
tornan
las gotas de nuestro sudor,
en
escuálida sapidez nostálgica.
Las
huellas de la lluvia
nos
regresan al hogar de los pesares,
chubasco
enamorado, solitario y clandestino.
Y
allí, rodeada la tristeza
de
sus frágiles dogmas,
de
sus resecas lágrimas,
y
de un siglo de ensueños;
nos
abraza apasionadamente
con
un anticipado placer
empujándonos
a trasegar
tras
un soñado y jubiloso amanecer.
En
el mismo año en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, recibí el premio
VERSO DORADO 2023 como autor del mejor poema indígena: “Somos Uno”
publicado en el libro “RELATOS Y VERSOS TRAVIESOS en el mismo año
“La
vida no es más que una pasión inútil”
Jean
Paul Sartre
350.
Somos
Uno
2/705/2023
Somos Uno, predicó el mamo:
Somos los hermanos mayores,
persistió predicando a los hermanos
menores.
Tenemos los conocimientos
ancestrales
manteniendo el equilibrio ambiental
entre fuerzas celestiales y
humanas,
predicó el makotoma arhuaco.
Los koguis, los arhuacos, moran
en los pliegues de la sierra de
Santa Marta,
en las estribaciones de las cuencas
hídricas
del Ariguaní, Fundación y el
Aracataca.
El tutosoma, el gorro arhuaco
semeja
la nieve de las cordilleras
samarias;
los cabellos largos de los
arhuacos,
encarnan venas con neviscas
fusionadas en borbollones de agua
que discurren placidas y
refrescantes
montañas abajo oxigenando valles
por ríos, quebradas y ojos de agua.
La macana al joven, símbolo del
trabajo arduo;
la mochila y el huso, a la rapaza
un tejido
y una herramienta para trabajar en
casa;
la aseguranza, manilla escudo de
enfermedades;
el fogón del rancho, epicentro de
la reunión familiar,
la maloka, la sinagoga de la
comunidad serrana.
El aguardiente, la hoja de coca, el
tabaco,
la acordeón, la caja y la
guacharaca,
el algodón, la lana, el café, los
ganados,
facilitan la convivencia pacífica
arhuaca.
Somos Uno, predicó el mamo;
somos nieve, agua, tierra,
arcabucos, animales y aves;
asumen los koguis y arhuacos.
El 21 de abril de 2026 en el auditorio principal de la
Biblioteca Nacional el GPC galardonó a 21 ganadores en igual número de categorías,
con el premio VERSO DORADO 2025. Estuve nominado en tres categorías. Recibí dos
premios como autor del mejor poema a la paz y el mejor poema de amor.
Para los lectores usuales y los que buscan en internet,
así como quienes ya tienen alguno de mis libros, el mejor poema de amor está en
el libro ERES UN POEMA que tiene 187 poemas y 27 cuentos en 380 páginas.
"La
ignorancia, la raíz y el tallo
de todos los
males".
Platón.
414.”Eres todo”
8/04/2025
¡Oh tú, aliento del
universo en mi pecho!,
¡oxígeno bendito que respiro en cada instante de mi ser!
Sin ti, mi vida se apaga como vela sin fe,
como luna sin noche, como pájaro sin cielo.
Eres el agua que corre
por mi sed eterna,
el manantial que nace en mis desiertos,
la lluvia que besa mis grietas con ternura,
el río que entona mi canto hacia lo eterno.
Eres la luz —sí, la luz—
la que despierta las sombras de mi alma,
la que incendia mis pupilas con su fulgor sagrado,
la que hace que mis pasos tengan sentido y horizonte.
Eres naturaleza viva en
mi pecho,
eres bosque, eres viento, eres flor que no marchita,
eres el canto de los grillos cuando el amor no duerme,
eres la raíz que me sostiene, el fruto que me redime.
Eres fuego.
No ese que quema la carne,
sino el que incendia el alma y la vuelve estrella.
¡Ay, amor mío, si tú me faltaras,
arderían los siglos en mi pecho vacío!
Eres el combustible que
enciende mis días,
la chispa que despierta cada célula de mi anhelo,
la fuerza secreta que empuja mis latidos al alba,
el impulso que desafía a la muerte con un beso.
Eres sincronía perfecta
en mi caos,
latido que danza con mi pulso sin error,
minuto exacto donde el tiempo se arrodilla,
oración que se repite sin cansancio ni final.
Eres fusión. Eres unión.
Eres mezcla divina,
como dos galaxias que se funden sin ruido,
como tinta y papel, como mar y horizonte,
como tú y yo: un solo eco, un solo destino.
Eres sinergia de almas,
conjuro y eternidad,
porque contigo todo suma, todo canta, todo brilla,
porque sin ti —¡escúchame bien!—
yo no sería más que sombra olvidada en el viento.
Eres todo.
Eres todo.
Eres todo.
Y todo, amor mío...
soy yo cuando tú me nombras.
Y el mejor poema a la paz
será incluido en mi proximo libro que tambien tendrá prosa y poesia.
"La
verdadera riqueza no consiste en tener muchas posesiones,
sino
en tener pocos deseos".
Epicteto.
416.¡Ven¡
siembra la paz¡
11/04/2025
¡Ven,
labrador de esperanzas no dichas!
¡Ven, tú que portas el surco y el canto!
¡Ven, mujer de montaña, hombre de río, niño del viento y anciano del llanto!
Que la Paz no es paloma:
es semilla que exige tus manos despiertas,
¡y no se cultiva desde el sofá ni el espanto¡
¡Despierta,
sembrador del mañana!
La Paz no es discurso, ¡es minga sagrada!
Ella llama, llama y clama:
“¡No soy descanso ni premio, soy siembra y jornada!”
Soy
la voz del fogón compartido,
la danza del diálogo en torno al maíz,
soy la justicia con rostro de anciana,
y la memoria que sangra… ¡Pero no huye ni se echa a morir!
¡Ven
tú, que miras y callas!
¡Ven tú, qué opinas sin arar la tierra!
Porque el que no siembra paz con su verbo y sus actos,
¡cosecha odio, envenena la siembra,
y se vuelve tormenta que rompe las puertas!
¿No
ves cómo el silencio es cómplice del trueno?
¿No oyes cómo el miedo multiplica las balas?
¡Que tus pasos sean eco de un pueblo que grita:
“Queremos verdad que no tiemble ni se atrinchere tras la muralla!”
¡Ven!
No hay minga sin tu machete,
ni surco sin tu sudor comprometido.
¡Aquí no hay ricos ni pobres, ni altos ni bajos!
Sólo hermanos que entienden que el pan se comparte
si la justicia riega lo que juntos hemos unido.
¡Levanta
la voz, pacificador del asombro!
Haz del perdón tu azadón,
y de la verdad, tu semilla sin sombra.
¡Haz
que la memoria no sea piedra que pesa,
sino puente que besa las orillas rotas!
La
Paz no es bandera ni flor en desfile,
ella es maíz en la olla,
fruto en la rama,
¡niña jugando en la calle sin miedo al fusil ni al trauma!
Y
si tú, sí tú…
si tú decides quedarte al borde del campo,
sin sembrar, sin hablar, sin hilar la esperanza,
¡eres fuego sin llama,
eres hambre en la danza,
eres cómplice eterno de la noche sin alba!
Por
eso te invoco, con viento en la voz:
¡no más espectadores en esta cosecha!
¡Que todos pongamos la vida en la mesa,
que todos abonemos con valores y hechos
la patria soñada que espera su siembra!
¡Oh,
Paz, ¡tú caminas descalza y altiva!
Tu canto se escucha en las manos que dan,
en la escuela que enseña,
en la ley que protege,
y en cada mirada que deja de odiar.
¡Ven!
¡Haz minga con nosotros!
¡Que, sin tu sudor, sin tu abrazo sincero,
el árbol del pueblo jamás dará fruto,
y la Paz se marchita…
como espiga sin suelo!


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