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miércoles, 29 de julio de 2026

Un poema a los invisibles que votan por los de siempre


Desde párvulo, soy narrador, pero empezando la adolescencia noté que mi romanticismo estaba en la sangre, y en mi trasegar campesino, sentí y viví los efectos de la violencia partidista y más de sesenta años despues, la misma estupidez se manifiesta, votando por los de siempre y desconociendo a los politicos que desde antaño vienen intentado convertir la democracia en expresión politica que gobierne para todos, en especial, para los invisibles. 

Usted, lector, podrá o no racionalizar lo que expreso en versos; pero es que los poetas en la historia, escriben no para agradar a todos. 


Oda a los Invisibles que sostienen la Patria

 

Oh, pueblo que caminas descalzo sobre la historia,
que siembras pan en la tierra herida,
que alzas tu voz, aunque el viento te silencie,
a ti te canto, raíz de Colombia.

Campesino de manos curtidas,
arado humano que abre surcos de esperanza,
tus dedos son semillas, tus lágrimas son ríos,
y tu sudor es el agua que alimenta la nación.

Desplazado que llevas la casa en el hombro,
que conviertes la nostalgia en refugio,
eres nómada forzado por la guerra,
pero también arquitecto de nuevos comienzos.

Víctima de la violencia,
tus cicatrices son el mapa de la verdad,
tu memoria, lámpara encendida,
tu voz quebrada, himno de resistencia.

¡Oh, los nadie¡,
sin nombre en los periódicos,
sin rostro en los altares del poder,
ustedes son multitud de estrellas
iluminando el oscuro cielo del olvido.

Ellos, los invisibles,
son la sangre que corre por las venas de la patria,
el tambor que late en las fiestas populares,
la raíz que no se quiebra, aunque la arranque el dolor.

Por eso la Radio Nacional los nombra,
abre sus micrófonos como ventanas al aire libre,
les da palabra, canto y memoria,
y hace de cada voz un territorio de dignidad.

Oh, pueblo múltiple y resistente,
esta oda es para ti,
porque eres el rostro verdadero de Colombia,
y sin tu pulso,
esta nación no tendría corazón.



miércoles, 22 de julio de 2026

Homenaje poetico al ballet Soaty de San Gil en sus 30 años

 


Este 25 de julio en San Gil, con danzas colombianas el ballet Soaty celebra 30 años de conformación en 1988 con 13 mujeres y 3 varones como una ludica en UNISANGIL, liderado ininterrumpidamente  por la licenciada y abogada Ligia García León,  nacida y formada en en tierras nortesantandereanas. 

Con este poema, rindo homenaje a las damas y varones que se enamoraron y aún disfrutan el baile como una expresión estética que transmite alegría, armonía, expresión humana y siembran hermandad y nacionalidad mostrando las diversas danzas de las regiones colombianas al interior de Santander, en el pais y en el exterior.

ODA A SOATY

 

Treinta años danzando el alma de Colombia

No nació entre muros de piedra ni bajo coronas de oro.
Nació donde la juventud aprende,
donde la esperanza se hace música
y el corazón descubre que la patria
también puede escribirse con los pies.

En la noble tierra de San Gil,
donde las montañas guardan el eco de los comuneros
y el río Fonce canta eternamente la libertad,
una mujer santandereana levantó su sueño
como quien enciende una antorcha destinada
a no extinguirse jamás.



Ligia García León,
artista de la sensibilidad,
jurista del deber
y sembradora de belleza,
convirtió una lúdica universitaria
en un ejército pacífico de bailarines,
capaces de conquistar pueblos
sin empuñar otra arma
que el lenguaje universal de la danza.

Treinta años...
Tres décadas en las que el tiempo
no desgastó los pasos,
sino que fortaleció la pasión,
multiplicó discípulos
y convirtió el esfuerzo cotidiano

en patrimonio vivo de la cultura.



SOATY...
Canción de verano,
voz antigua nacida del espíritu chibcha,
nombre que florece
como el primer canto del amanecer
sobre los campos colombianos.

Hoy trece mujeres
y tres hombres
tejen con sus cuerpos
la geografía de la patria.

Cuando el bambuco levanta su elegancia,
renacen las montañas andinas.

Cuando el torbellino gira con ímpetu,
el viento de Santander
vuelve a recorrer los caminos de nuestros mayores.

Cuando la cumbia abre sus alas,
el Magdalena abraza a la nación
con su eterno rumor de tambores.

Y cuando el mapalé estremece la tierra,
el Caribe entero
enciende el fuego de sus ancestros.

Cada traje típico
es una bandera hecha de colores.

Cada giro
es una página de nuestra historia.

Cada aplauso
es un homenaje a quienes nos antecedieron.

Y cada presentación
es un juramento silencioso
de que Colombia jamás permitirá
que mueran sus raíces.

¡Qué grande es la mujer santandereana!

Forjada entre montañas,
educada en la disciplina,
firme como la roca
y sensible como el agua que fecunda los valles.

En ella caben la maestra,
la artista,
la madre,
la líder,
la sembradora de generaciones.

Desde San Gil,
ha demostrado que la cultura
no conoce fronteras,
que un sueño nacido en un aula
puede llegar a los escenarios del mundo.

Hoy Ecuador abrirá sus puertas,
pero será Colombia
la que caminará sobre ese escenario.

No viajarán únicamente dieciséis bailarines.

Viajarán los pueblos indígenas,
los campesinos,
los pescadores,
los artesanos,
las montañas,
las sabanas,
los ríos
y la memoria de millones de colombianos.

Viajará el corazón de una nación
que aún sabe cantar,
que aún sabe bailar
y que aún encuentra en el folclor
la fuerza para reconocerse.

Treinta años son apenas el comienzo.

Porque las obras verdaderamente grandes
no envejecen.

Se convierten en legado.

Se vuelven ejemplo.

Se transforman en historia.

Que las nuevas generaciones
escuchen siempre el llamado de SOATY.

Que comprendan
que quien baila con amor por su tierra
nunca deja de ser libre.

Y que Colombia recuerde
que, desde San Gil,
una mujer soñó con enseñar danzas,
pero terminó enseñándole al mundo
que el alma de un pueblo
también puede escribirse
al ritmo del bambuco,
del torbellino,
de la cumbia
y del mapalé.



¡Gloria eterna a SOATY!

¡Honor a Ligia García León!

¡Honor a la mujer santandereana!

¡Honor al folclor colombiano,
que en cada paso de danza
hace inmortal el nombre de la patria!


DAD: Nauro Torres Quintero

sábado, 4 de julio de 2026

Eres un poema, Jarantivá

 


Oda épica a la tierra donde el agua canta 

y la historia cabalga

31/05/2026

Eres un poema, Jarantivá,
un verso sembrado por Dios
entre las montañas antiguas de Santander;
una estrofa verde que el viento recita
cuando despiertan los gallos
y la niebla desciende a besar los cafetales.



Dos venas cristalinas abrazan tu cuerpo:
Aguablanca y Jarantivá,
hermanas nacidas en las altas sienes
del páramo Ubaque Merchán,
donde las nubes amamantan las fuentes
y los frailejones custodian el sueño del agua.


Tus quebradas son serpientes de plata
que descienden cantando entre piedras y musgos,
y en su canto llevan la memoria
de tres veredas sedientas de vida.
Luego marchan solemnes hacia el Saravita,
como doncellas que entregan su caudal
al corazón inmenso de la provincia.


Tú no eres una vereda:
eres una mujer acostada sobre la tierra.
La capilla de Quebrada Negra
es tu rostro de piedra y plegaria;
la estación de Providencia,
viejo ombligo de los caminos,
guarda en sus entrañas
los silbidos dormidos del tren;
y tus pies reposan donde las quebradas se abrazan
junto al Hotel Agua Blanca,
monumento donde la arquitectura
aprendió a conversar con el paisaje.

Tu columna vertebral es una montaña.
Por su espinazo legendario
trepa el Camino de la Miel, la Sal y las Ollas,
esa arteria milenaria
por donde dialogaron los muiscas,
los guanes y los opones,
tejiendo con sus pasos
la primera geografía del encuentro.



Por allí pasaron los Comuneros,
y José Antonio Galán,
como un relámpago de dignidad,
encendió la rebeldía de los humildes.
Por allí cabalgaron también
Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander,
dejando sobre el polvo
las herraduras luminosas de la libertad.

Tus bosques guardan secretos de siglos;
tus piedras conocen nombres olvidados;
tus senderos conversan con la luna;
y tus amaneceres tienen el color
de las banderas que jamás se rindieron.

Chepe, el artesano,
extrae del bejuco la música de las manos.
Sus canastos son nidos de paciencia,
catedrales humildes donde habita el campo.
Cada hebra parece un poema tejido
por las raíces invisibles de la montaña.

Y están tus almojábanas,
redondas como pequeños soles campesinos;
tus amasijos,
que perfuman los caminos con aroma de infancia;
y tus quesos de hoja,
lunas blancas envueltas en la ternura
de quienes aprendieron a convertir la leche
en memoria familiar.

Tienes dos templos,
como si una sola fe no bastara
para contener la grandeza de tu espíritu.
Y cuando las campanas repican,
las colinas responden con ecos antiguos
que atraviesan los siglos.


En tu seno nació
Nauro Torres Quintero,
hijo de estas montañas,
peregrino de las palabras,
quien encontró en los manantiales de tu paisaje
la tinta para escribir sus versos.
Si otros levantan monumentos de piedra,
él levanta monumentos de poesía;
si otros siembran semillas,
él siembra metáforas
en los surcos fértiles de la memoria.

Eres un poema, Jarantivá.

Poema de agua y montaña.
Poema de historia y camino.
Poema de campanas y trenes.
Poema de canastos, amasijos y almojábanas.

Poema donde los páramos sueñan,
donde las quebradas cantan,
donde la libertad cabalga,
y donde la palabra florece
como un árbol eterno bajo el cielo.

Por eso, cuando el sol se inclina
sobre tus montes sagrados,
la tarde abre un libro invisible
y el horizonte escribe lentamente:

"Aquí vive Jarantivá,
la vereda que parece una persona,
pero que en realidad es un poema."


Ecoposada La Margarita, Vereda Jarantivá. 

Puente Nacional.

DRA: Nauro Torres Quintero

sábado, 27 de junio de 2026

Tú eres el resultado de ti mismo

 

Nunca culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque tú, finalmente tú, has hecho tu vida.


Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo, y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar corrigiéndote. El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.  

Nunca te quejes de tu ambiente o de los que te rodean. Hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer. 

Las circunstancias son buenas o malas según tu voluntad y la fortaleza de tu corazón. 

Aprende a convertir toda situación dificil en un arma para triunfar.

No te quejes por tu pobreza o por tu salud, o por tu suerte; enfréntalas con valor, y acepta que, de una u otra manera, son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar. 

No te quejes por la falta de dinero porque abunda en muchas partes.

No te amargues con tus propios fracasos, ni se los cargues a otros. Acéptate ahora, o siempre seguirás justificándote como un niño.

Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar, y que ninguno es tan terrible para CLAUDICAR. empieza ahora mismo. 


Deja de engañarte. Eres la causa de ti mismo, de tu tristeza, de tu necesidad, de tu dolor, de TU FRACASO.

Si tu has sido el ignorante, el vicioso, el irascible, el desobediente, el irresponsable, el torpe, tú y unívocamente tú. Nadie puede haberlo sido por ti.

La causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro será tu presente. 

Aprende de los fuertes, de los activos, de lo audaces. Imita a los valientes, a los enérgicos, a los vencedores, a quienes aceptan situaciones difíciles, a quienes vencieron a pesar de todo. 

Piensa menos en tus problemas y mas en tu trabajo, y tus problemas sin alimento, morirán. 

Aprende a nacer nuevamente desde el dolor, y ser mas grande que el mas grande de los obstáculos. Dentro de ti hay un ser que todo puede hacerlo. 

Mírate al espejo de ti mismo. Comienza a ser sincero contigo mismo. Reconócete por tu valor y por tu voluntad y no por tu debilidad para justificarte. 

Conociéndote a ti mismo serás libre y fuerte, y dejaras de ser un títere de las circunstancias.  Porque tu mismo eres tu destino. Y nadie puede sustituirte en la construccion de tu destino. 

¡LEVANTATE, MIRA LA MAÑANA, LLENA DE LUZ Y FUERZA, RESPIRA LA LUZ DEL AMANECER, TU ERES PARTE DE LA FUERZA DE LA VIDA; DESPIERTATE; CAMINA, LUCHA, DECIDETE, Y TRIUNFA EN LA VIDA¡ 



 

martes, 23 de junio de 2026

Mi literatura en versos de un santandereano, Mauricio Sanchez

 

Fui maestro en aula, soy padre guía y en mi ocaso existencial, decidí publicar mis escribanías escondidas en un arcón que retomé en pandemia en 2020. Desde entonces, no he cesado de escribir para los lectores de antaño y del hoy. En manos de curiosos y huroneos lectores, mis libros continúan despertando en decenas de ellos, anhelos de escribir sus historias escondidas en sus recuerdos.

Mauricio Sanchez es un reservista, hoy celador del Colegio de Confines; recordada voz de Radio Poesia, en cuyos programas nos distinguimos; es un declamador convincente y es un poeta santandereano cuyos poemas con el aroma, sabor y lenguaje santandereano, pronto lo leeremos en un poemario. Él, leyó mis siete libros en físico, y ha premiado mi aporte literario con este poema, hasta ahora inédito, convencido que surgirán más escritores animados, por él, por mi y por decenas de escritores jovenes y niños que continúan brotando en el sur de Santander y Boyacá, gracias a los concursos de cuento y poesia que organizan: las cooperativas: COMULSEB LTDA y FUNDACIÓN COMULDESA LTDA, el Colegio Domingo Sabio de Guepsa, Santander, la UIS sede Barbosa, la Fundación Jetón Ferro de Chiquinquirá y el Colegio San Vicente de Paúl de San Gil, espacios en los continuo arando, desbrozando, arando y sembrando el gusto por la lectura y la escritura.


Un artesano de la palabra

 

Como el viento acomoda la vela de un barco,

mecido en altamar, buscando pronto su puerto,

a bordo un marinero dentro de su coraza va,

en las nubes un artesano lo guía como su capitán,

teje su destino, para que su ancla logre fondear.

 


Artesano que teje emociones con palabras sueltas,

de madera y lana, de fique o de la piedra tallada,

se han tramado historias de la tierra santandereana,

el pintor de cuentos y pincelazos de notas bellas,

nacen sus obras de las letras, que solas vagan.

 

La vida de mis ancestros escrita en un pergamino,

por un artesano, con el alma que viaja andariega,

en el suelo donde nace la guayaba y el dulce veleño,

solitario con su pensamiento, teje entre sus versos,

lo que sueñan campesinos bajo el sol y su suelo.

 

Gritaba la luna en su agonía; el alba la despedía,

¡Nauro! retumbaba en la montaña, una dulce melodía,

artesano que entrelaza cada gota de sudor con la lluvia,

cuenta la historia que ha dejado huellas en el camino,

de amores en versos trenzados en sus aventuras.

 

Versos vagan por el campo, que el hombre siembra,

respiran, cuentan y sudan las memorias de esta tierra,

enhebrada y tejida una a una, para cobijar la herencia,

fiel inventor que moldea la escritura como dócil arcilla,

vuela libre en el cielo la voz de un poema del artesano.

 

De la tierra del bocadillo, bajo el cielo de este paraíso,

que ha parido a un artesano, en la puerta de Jarantivá,

las palabras vagabundas van creciendo en su poesía,

lucen en el balcón de Barichara, como bella artesanía.

Tiples y guitarras, anuncien al poeta al tejer su sinfonía.

 


 

Nacido en Jarantivá, Puente Nacional, tierra santandereana.

Artesano, que trenza historias como se teje el fique y la lana.

Únanse música y poesía como la miel se funde en sus ganas.

Romance dulce, de bocadillo veleño y de la panela guepsana.


 

Ojos de enamorado recorriendo la dulzura de una bella dama.

Tornea en mil palabras fuego y pasión de seres que se aman.

Ocasión justa para tus surcos en tu piel, que el deseo aclama.

Río noble, así el Fonce recorre a San Gil en sueños de cama.

 

Romántico y soñador poeta, hilandero de las costumbres mías,

En el campo, en un bello amanecer, con un tinto al iniciar el día,

Simbiosis describe el calor al abrazar el azadón con mi valentía.

Untado de campo, torbellino, bocadillo, mute, guarapo y poesía.

 

Narrador de amores, tejedor de historias, artesano de aventuras.

Andariego santandereano, que retrató mi vivencia en su escritura.

Relatos y versos traviesos, que se asemejan a mi eufórica locura.

Tramas hilos, de epístolas a mano del amor real de un alma pura.

 

El cielo es de chocolate, ¡leía el niño, con imaginación, entretenida!

Soltaba el trompo y sus maras, para saborear aventuras divertidas,

Alegres por el artesano que plasma fábulas que endulzan sus vidas,

Noches de luna llena, para leer un cuento. ¡Una costumbre perdida!


 

Ofrece un mar de enseñanzas en las vivencias de aquellos abuelos,

Dichos y refranes viejos que son la herencia de este hermoso suelo,

En Santander, un artesano urde sabios adagios bajo un mismo cielo,

Lo escrito en sabiduría, en poesía, es esa voz consejera de tu vuelo.

 

Amas, odias, sonríes, lloras; cada quien escribe su propia existencia,

Pobres, ricos, viejos, chicos. ¡Eres un poema! Y adorna tu presencia,

Almas que vagan en su destino; para este artesano son su audiencia,

Las teje en finos hilos de palabras, complaciéndonos con su esencia.


 

Amor y cariño por su tierra adoptiva; San Gil acogió al narrador poeta,

Biografía viva, en El Bizarro, que teje recuerdos, bajo su luna coqueta,

Romántica ribera del Fonce, de ceibas con musgos ornando su faceta,

Ahí sigue hilando el artesano de la palabra y este sol refleja su silueta.

 

MAUSA

martes, 9 de junio de 2026

Tierra de sangre y esperanza

 


Ulises Contreras y Clara Montalvo, apenas retoños del árbol humano, huyeron una noche de 1948 con el alma rota por la violencia. Les habían segado a los padres, que ofrendaron su vida resistiendo el despojo de la tierra en una vereda sin nombre, pero con memoria.

Cargaban solo la esperanza y el coraje en sus mochilas, y se internaron en la selva agreste del Catatumbo, en los confines de un municipio que los mapas apenas susurraban: Convención, Norte de Santander. Allí, donde la montaña era puro pecho virgen, abrieron trocha con las uñas, con el sudor, con el machete como cruz y el silencio como aliado. Fundaron su refugio y, al poco tiempo, la vida les regaló tres hijos que crecieron entre surcos, sembrando futuro con manos de barro y fuego.

El bosque se fue rindiendo al paso de sus hachas. Surgieron potreros donde hubo sombra, cañaduzales donde el jaguar dormía, y cacaotales que endulzaron la rutina del jornal. El rancho se hizo con tablas humildes y techos de esperanza. Tres piezas para soñar, un trapiche de piedra para exprimir dulzura, y una troja para guardar el maíz y los recuerdos que el tiempo no logra pudrir. Pero Ulises, endurecido por los troncos que tumbó, fue tronco él mismo. Crio a sus hijos con el grito, con el palo, con la furia de quien desconfía hasta de su sombra. La guerra le había robado la ternura, y la rabia se le quedó tatuada en el alma. Clara aprendió a resistir, a aguantar las embestidas como si fueran vendavales del destino. En esas tierras olvidadas, la historia es un círculo de machete y polvo: el colono que tumba, el comprador que llega, el que vende que se va a tumbar a otra selva, y así rueda la rueda de la colonización y la deforestación en el pais del Sagrado Corazón.  Pero Ulises y Clara no querían vender. La tierra era su altar, su tumba prometida, el eco de sus muertos.

Olivo, el hijo mayor, ya era un mozuelo cuando un día fue al pueblo a traer encargos. Volvió con el sol al filo de la tarde y no halló ni al padre ni a los hermanos, solo la casa enmudecida y el grito ahogado de su madre tras la puerta cerrada. Algo antiguo y oscuro se encendió en su pecho: la memoria de los abuelos asesinados, el instinto del jaguar. Buscó el machete de su padre, ese 22 que colgaba como símbolo de autoridad en la columna del rancho. Con los ojos nublados de lágrimas y fuego, se escondió tras la sombra. Cuando el agresor abrió la puerta para silenciarlo, Olivo le respondió con la lengua de la selva: dos machetazos certeros, uno a la cabeza y otro al brazo que aún sostenía un revólver. Liberó a Clara, le pidió que se atrincherara, y corrió como sabueso tras el rastro del padre. En el trapiche, escuchó la amenaza: “Vendes o mueres, como tu mujer.” La furia fue rayo. Olivo, invisible entre cañas, saltó sobre el verdugo. Lo cortó con ocho estocadas de justicia. El tercer atacante huyó disparando, hiriendo al niño con tres balas cobardes. Sangrando, Olivo volvió al rancho. Lo recostaron sobre una banca de madera. Clara y Ulises le cerraban las heridas con el alma en las manos.

El victimario los denunció. La ley, ciega como la noche, llevó a Ulises y Clara al calabozo. Salieron libres por falta de prueba. Pero el miedo pesaba más que la tierra. Vendieron a bajo precio su parcela sagrada y huyeron a Chaparral, Tolima. Olivo cruzó a Venezuela. Creció entre cosechas ajenas y madrugadas propias. Regresó al cumplir los veintiuno. En Ocaña, mientras firmaba para recibir la cédula, lo apresaron por doble homicidio y lesiones. Fue condenado a 35 años. Cinco años llevaba en la cárcel de Pamplona. Aprendía a sembrar hortalizas, a tejer mochilas con fique, a sobrevivir con dignidad entre barrotes. Su historia no es única. Es la historia de muchos. Pero él la cargó como cruz de fuego.  Porque en esta tierra colombiana, ser colono es ser mártir. Y resistir es un acto de amor.


Autor: Nauro Torres Quintero

2023

lunes, 18 de mayo de 2026

Otrora alumnos, hoy padres de familia, profesionales, empresarios…


Se de instructores que pasaron por las aulas sin dejar huellas en sus estudiantes; lo revelaron la ausencia de recuerdos gratos en encuentros ocasionales con exalumnos.

En el Colegio Luis Camacho Rueda estuve una década, hasta que la dirección del plantel decidió no asignar carga académica; en ese lapso, vi, sentí y me enteré de la vida familiar de quienes acudían a mi aula y con las semanas, fui identificando sus talentos priorizándolos sobre los resultados de las pruebas escritas. Al curso 4º de bachillerato llegó un enero una niña delgada de pelo largo, amable y comunicativa que se enamoró de la lectura la que combinaba con el canto.

Quinquenios despues, por redes me contactó informando que leía este blog, que vivía en el municipio de San Andrés, provincia de García Rovira, Santander; que se había casado adolescente, vivía en la vereda y la familia cultivaba limón y café y ya habían levantado vivienda familiar.

Previos dias a la celebración del día del maestro-16 de mayo- me contactó solicitando un par de libros; uno para su hija y otro que le ayudasen en el proceso de formación y orientación de su retoño.

Desde 1.981 uso el correo oficial 4-72 más conocido como el correo nacional, y le hice llegar los dos libros, cada uno con una dedicatoria. El libro de cuentos y poesia infantil. EL CIELO ES DE CHOCOLATE lo firmé para Karoll Juliana, su hija; y el libro de 480 pgs: SABIDURÍA EN POESÍA, con el legado del cayado de los abuelos para ALBA LILIANA ALBA ROBLES, mi exalumna con voz angelical y asidua lectora.

Recibió los dos libros tres dias despues de remitirse. Fue al pueblo a recogerlos con curiosidad y hambre lectora. Ya de regreso a su casa en la vereda, de romper con contemplación la bolsa plástica, abrió cada libro y leyó las dedicatorias. La emoción y sensibilidad de madre campesina, la expresó en la siguiente prosa poética que registro, para la historia, en particular, para usted amigo lector.

Mi estimado profesor Nauro:

 

Recibir sus libros y, sobre todo, leer las dedicatorias que escribió para mi hija y para mí, fue encontrarme nuevamente con aquel maestro que sembraba literatura no solo en las páginas, sino también en el corazón de sus estudiantes.

 

Sus palabras tienen la calidez de la memoria y la profundidad de quien ha aprendido a mirar la vida con ojos de poeta. Cada frase que me ha dedicado se siente como un abrazo hecho de tinta, de esos que permanecen mucho tiempo después de haber cerrado el libro.

 

Gracias por conservar intacta esa sensibilidad que convierte los recuerdos, la tierra, la familia y la esperanza en algo tan bello de leer. Saber que un antiguo profesor hoy es escritor y artesano de la palabra llena de orgullo a quienes tuvimos la fortuna de aprender de usted.

 

Sus dedicatorias no fueron simples firmas; fueron pequeños poemas que guardaré con enorme cariño, porque en ellas también viajan la admiración, la gratitud y el afecto de una estudiante que aún recuerda sus enseñanzas.

 

Que siga escribiendo historias que iluminen, conmuevan y dejen huella, como lo hizo alguna vez en el aula y como lo sigue haciendo ahora a través de sus libros.

 

Con admiración y gratitud,

Alba Liliana Hernández Robles.

 





 

 

 


Un poema a los invisibles que votan por los de siempre

Desde párvulo, soy narrador, pero empezando la adolescencia noté que mi romanticismo estaba en la sangre, y en mi trasegar campesino, sentí ...