miércoles, 12 de marzo de 2014


Cómo convertir a los niños en lectores

LA RENUENCIA DE LOS JÓVENES
 A LA ESCUELA DE HOY

Los jóvenes de hoy no encuentran en el aula, respuestas a sus preguntas, no los convencen los métodos tradicionales de enseñanza de muchos profesores, no realizan actividades que no tengan relación con la vida, no les atrae leer a los clásicos de la literatura, ni rasguñar palabras para componer un texto, y en consecuencia, los resultados académicos tienden a la baja.

Mientras se crea que los estudiantes van al aula es a contestar preguntas, a recibir información sin contextualizar, a aceptar como verdad todo lo que dicen los docentes, a copiar y a obedecer sin objetar, quienes tienen el cargo de docentes, no están potenciando la competencia comunicativa, que debería ser la habilidad prioritaria a afianzar en cualquier sistema educativo.

Tanto docentes como padres de familia deben cambiar de paradigma: a la  escuela no se va a aprender a leer y escribir, sino a educar en la lectura y la escritura, que es simplemente velar que el aprendiz aprenda a comprender lo que lee y que construya textos con sentido.

Bajo este nuevo paradigma los padres de familia y docentes deben garantizar a los hijos y estudiantes estancias para que lean y escriban para propiciar la construcción del conocimiento en la medida que se tiene contacto con el texto escrito.

Los niños y jóvenes de hoy demandan padres y maestros activos y presentes, es decir, que aprendan con ellos, que sean amigos, que tengan muy presente que todos aprenden de todos.

Cuando el padre de familia y el docente se ponen al nivel de los aprendices, ellos, los estudiantes pueden leer y escribir en un ambiente de libertad y afecto porque pueden expresar sus pensamientos sin cohibición alguna.

Cuando se logra que tanto docentes como maestros asuman el papel de gestores o transformadores que aprenden del ensayo y el error, logran que los hijos y estudiantes comprendan que el proceso formativo no es estático, sino que se da durante toda la vida, y en consecuencia, los aprendices  tendrán que enfrentarse por su propia cuenta con el lenguaje y con la vida, convirtiéndose en maestros de sí mismo en todos los campos, más en la oralidad y la escritura.

Cuando más se aprende de lo que se lee y se escucha, mayor significado y utilidad tiene para sí mismo. Si un padre de familia con su ejemplo y persistencia, al igual que los maestros tiene como proyectos esenciales para los aprendices construir el hábito lector y potenciar el gusto por escribir, se han colocado los pilares para la formación integral de las personas y el vehículo de aprendizaje para la apropiación y asimilación del saber.

Para lograr, uno como padre o como maestro ser un gestor y transformador de las nuevas generaciones, debemos ser, además de lectores, flexibles, cuestionadores, y mantener siempre intención de cambio en el quehacer tradicional del rol de cada quien.

Aprovecho la edición de la presente nota en el blogger para sintetizar unos consejos para lograr niños lectores desde el hogar. No son míos los consejos, son de FUNDALECTURA.


Diez principios imprescindibles para crear buenos lectores.

1. Dar ejemplo.
Las personas adultas somos un modelo de lectura para los niños. Leamos delante de ellos, disfrutemos leyendo.

2. Escuchar
En las preguntas de los niños está el camino para seguir aprendiendo. Estemos pendientes de sus dudas. No sembremos dudas, pero anímemelos a dudar.

3. Compartir
El placer de la lectura se contagia leyendo juntos. Leamos cuentos, contemos cuentos. Haga que el niño cuente lo leído. Inste al niño a que invente un cuento. Escuche sus fantasías y dé ánimo para que siga creando narraciones.

4. Proponer, no imponer
Es mejor sugerir que imponer. Evitemos tratar la lectura como una obligación. Si la lectura se impone, no se logra ni lectores ni escritores.

5. Acompañar.
El apoyo de la familia es necesario en todas las edades. No los dejemos solos cuando aparentemente saben leer.

6. Ser constantes
Todos los días hay que reservar un tiempo para leer. Busquemos momentos relajados, con buena disposición para la lectura.

7. Respetar
Los lectores tienen derecho a elegir. Estemos pendientes de sus gustos y de cómo evolucionan.

8. Pedir consejo
El colegio, las bibliotecas, las librerías y sus especialistas serán excelentes aliados. Hagámosle una visita.

9. Estimular, alentar
Cualquier situación puede proporcionarnos motivos para llegar a los libros. Dejemos siempre libros apetecibles al alcance de los niños.

10. Organizarse
La desorganización puede estar reñida con la lectura. Ayudémosles a organizarse: su tiempo, su biblioteca…

Cómo leer con tu hijo desde que camina
 y hasta los 3 años
  • Establece el ritual de leer una historia antes de dormir.
  • Canta con él poesías y juegos de la tradición oral, como “Estaba el señor don Gato”.
  • Conversa con él sobre los sucesos del día y sobre lo que leen juntos.
  • Relaciona las imágenes y las historias de los libros con la vida diaria “Mira, es como la abuela cuando trae frutas…”.

  • Cómo leer con tu hijo desde los tres hasta los seis años
  • Habla y juega con él a partir de las historias.
  • Ofrécele narraciones más largas, con aventuras dramáticas o divertidas. Las de miedo le ayudarán a enfrentar sus temores.
  • Anímalo a que adivine qué ocurrirá en el cuento. Relaciona personajes y eventos con otras historias.
  • Dale lecturas sobre animales, objetos y eventos de la vida diaria.
  • Sigue con el dedo los renglones que lees.
  • Invítalo a que te lea sus libros favoritos: seguirá las imágenes y te contará qué recuerda.
  • Invítalo a leer párrafos o páginas completas del libro que comparten.
Cómo leer con tu hijo si está aprendiendo a leer
  • Léele en voz alta e invítalos a que lean para ti. Tú puedes leer una página y ellos otra…
  • Diles que lleven a casa libros de la biblioteca escolar para leer juntos.
  • Cuando lean juntos, evita presionarlos para que lean rápido o vocalicen bien. No les preguntes sobre ideas principales y secundarias… Leer con tus hijos no es una tarea escolar.
  • Convierte la televisión en aliada, busca libros de sus personajes favoritos o que amplíen la información que tus hijos encontraron en la pantalla.
Cómo leer con tu hijo que ya lee solo
  • Léeles en voz alta: tú lees una página y ellos otra.
  • Conversa con ellos sobre lo que leen invitándolos a explicar aquello que les gusta, interesa o molesta de cada historia.
  • Suscríbelos a una publicación, impresa o virtual; algunas páginas de Internet tienen espacios para que ellos lean textos y también para que los escriban y compartan lecturas con otros lectores de su edad.
  • Ve con ellos a la librería o a la biblioteca, dales la oportunidad de hablar a solas con los libreros y los bibliotecarios sobre sus gustos e intereses, acompaña con discreción sus elecciones.
Si quieres tener un hijo lector…
  • No lo obligues a leer o a terminar una historia.
  • No le ofrezcas un libro como alternativa a la televisión.
  • No te impacientes por terminar la lectura.
  • No lo regañes por no saber leer bien.
  • No dejes sus dudas sin respuestas.
  • No trates la lectura en el hogar como una tarea escolar.
  • No le hagas preguntas de comprensión de lectura.
  • No le pidas que relea una palabra que no pronunció bien.
  • No conviertas la lectura en un castigo o en una alternativa a la diversión.
  • No insistas en que lea un libro en especial o en que le gusten los mismos temas que a ti.
Finalmente, si lo aquí expreso tiene algún interés, no dude en compartir, en difundirlo.



viernes, 7 de marzo de 2014

Hay que aprender a manejar el fracaso y convertirlos como una oportunidad para MEJORAR.


APRENDER A PERDER, UNA TAREA DIARIA

La derrota, si la asumimos con serenidad, nos catapulta al éxito.

“Si ganar es una motivación legitima, natural e inocente; si alcanzar nuestra cima es el objetivo loable que perseguimos (la competencia se limita a ser estímulo y despertador) los fallos y tropiezos del camino han de ser estimulo en nuestra álgebra personal".


 "La posibilidad y experiencia de la derrota presagia, completa y ennoblece la victoria. La aceptación tranquila, serena, humilde y consciente de esa realidad irrefutable, el acto humano de perder, es la única plataforma válida para desafiar los límites y ganar partidos imposibles”. Lo dijo Santiago Álvarez de Mon en su libro, Aprendiendo a perder.


Enseñar a perder es una tarea de padres y maestros. Aprender a perder es tarea de todo ser humano. Convertir la derrota en un aprendizaje es misión de todo humano que tiene como estrategia mejorar todos los días.


Desde muy niño la derrota me ha acompañado, igual que el dolor humano. Perdí a mi abuela paterna cuando tenía cinco años, pero conocí a la abuela materna. Cuando tenía diez murió la tía que me cuidaba de niño, pero gané un hermano. Cuando tenía14 años debí abandonar la casa por decisión unánime de mis padres. Perdí ante ellos por leer información socialista, pero gané un trabajo y una beca para estudiar. Perdí por algunos años el afecto de mi madre, pero gané una esposa amorosa y hacendada. Perdí mi primer trabajo en un corregimiento del sur de Santander, pero gané otro en la capital levítica de Colombia. Unos supuestos amigos socios se quedaron con mis ahorros de diez años, pero gané experiencia en sociedades. Perdí otro trabajo que me apasionaba, pero gané una merecida indemnización. Perdí a mi primera esposa, pero gané otro hijo. En 2014 no me asignaron carga académica pero ganaré otro trabajo en próximos días. Asumí las derrotas como ocasión para aprender.


Si a las personas desde muy niños se les enseña a manejar la derrota, no sufrirán con los años de depresión, de decepción u otros problemas de tipo psicológico.
 Enseñar a manejar el éxito como el fracaso es una digna tarea de padres, maestros y jefes de personal.


La satisfacción que tiene un ser humano al convertir una derrota en ocasión para aprender, viene como consecuencia de asumir la derrota con serenidad y calma, pues después de cada tempestad, viene la calma, la calma que nos trae cada cosecha de exitos.