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sábado, 21 de marzo de 2026

Al Colegio San José de Guanentá,

 

88 años despues encontré en una ajada revista: AURAS DE FONCE este poema que al interiorizarse y comprenderlo sentí envidia de la buena, no solo por el talante de quien lo escribió, sino de los alumnos que por las aulas en esa época transitaron. Pero es mejor que usted amigo lector, sea quien infiera y aprecie la lírica de un estudiante que lo compuso para despedirse de su claustro, en ese entonces dirigido por Hermanos Lasallistas. La bella y pulcra revista fue un espejo del sentido del  periodismo, la responsabilidad intelectual y amenidad de una época plasmada en letras de molde por El Colegio San José de Guanentá, en ese entonces, dirigido por los hermanos lasallistas. 


AL GUANENTÁ

Por José Manuel Prada S.


¡Guanentá¡ al despedirme viene el llanto

a borrar estos versos, este canto

que encierra entre sus notas despedida;

al despedirme,  tras la densa bruma

viene el dolor a renovar la herida

y a impedir que maneje bien la pluma.


Porque marca el compás del sentimiento

la eterna evocación del sufrimiento

y el amargo cantar de quien se aleja,

porque viene en sendales la tristeza

a arrancar del viajero triste queja

y a trocar bellas flores en maleza:



Porque con el dolor salen las notas

cual las que vibran en las cuerdas rotas

del arpa que ha quedado abandonada;

porque es el despedir algo tan triste

que aunque cantar quisiera, despiadada, 

la suerte del mutismo me reviste.



Pero debo cantar. La poesía 

que toques da de mágica alegría

en la hermosa mansión del pensamiento,

me dice que cantar es mi destino

aun cuando en ello encontraré el tormento

de las aguas zarzas del camino.


Cantar...aunque se aumente mi quebranto

al tierno asilo que envolvió en su canto

a un pobre soñador meditabundo;

cantar aunque se eleven temblorosos

y henchidos de dolor siempre profundo

estos mis versos, hacía venturosos.


Confines donde reina la esperanza;

cantar cuando en el alma la bonanza

no quiere colocar su bello asiento,

es algo que no puedo. Mas, ahora

es preciso que surja el sentimiento

con estos versos donde el alma llora.


Yo no puedo cantar...decir que llore

que en vez de mi canción, sólo desflore 

esos recuerdos de ilusión nimbados;

decid que evoque el pasado de mi vida, 

decid que sueñe en triunfos no alcanzados

y escuchareis mi nota dolorida. 


Debo callar. Las notas destempladas

que da mi lira, van desordenadas

hacia región ignota y bendecida,

mejor es pregonar con oraciones

lo que la lengua vil y enmudecida

no es capaz de expresar en las canciones.


Quisiera ser el ruiseñor que canta

sin saber que en su canto se levanta

la más bella y sublime melodía;

quisiera ser la flor que en la mañana

espera que en su cáliz se deslia 

el rocío que en perlas se desgrana.


Quisiera ser el humo que se eleva,

que en espirales a la altura lleva

la oración del hogar que se consume;

quisiera ser la fuente cristalina 

que retratando va, mientras se mueve,

el paisaje que en ella se declina.


Quisiera ser la tarde que naufraga

en medio de la sombra que es la maga

que sabe lo es: melancolía;

quisiera ser la brisa matutina

para arrancar la hermosa poesía

que hay en los frondas llenas de neblina. 


Todo quisiera ser para cantarte

para siempre decir que ha sido amarte 

mi único ideal, mi único lema;

pero muere la voz en mi garganta 

y no salen las notas del poema

que quisiera entonar. 


Ya se levanta

cual triste evocación la despedida,

y el alma de lo siempre transita

solo logra elevar triste lamento, 

que al confundirse en la extensión sombría

va a llevar mi pobre pensamiento

en vez de versos cruel melancolía.


Despedirme...decir adiós..dejarte

para vivir de la añoranza. Hablarte

por la vetusta reja del recuerdo,

y no poder alzar siquiera un canto.

-estoy loco de pena o estoy cuerdo?

-Porque no empiezo a desgranar mi llanto?


Debo llorar...Me voy, y tu te quedas

¡Oho viejo caserón¡ ¡Qué triste ruedan

lejos de ti los dias y los años¡

Con mi dolor mi eterno compañero

y envuelto por los crudos desengaños

tal vez muy pronto caigo en el sendero.


Me llevo los recuerdos como herencia

para rumearlos en la triste ausencia

cuando en dolor hasta mi puerta llame. 

Pero al decirle adiós...no se que pasa

allá en lo alma. Déjeme que clame

porque el dolor mi corazón traspasa.



Adiós ¡oh Guanentá¡ Vetusto alero

donde rodó mi juventud. Certero

golpe de puñal hoy hiere mi corazón.....


Te dejo...pero escucha: en la vida

cuando luchando vaya y la ilusión

brille allá en mi cielo oscurecida

por las nubes de dudas y temores,

entonces ¡Guanentá de mis amores¡

que sea tu nombre el faro que ilumine

la senda de mi vida, y que la duda

huya como sombra, y aunque ruda

la batalla será, que al fin termine

bendiciendo tu nombre sacrosanto

y alzando hacia el eterno tierno canto

que encierra la expresión de la aventura

del que cruzó sufriendo en la existencia

y que espera de Dios benevolencia 

cuando su vuelo tienda hacia la altura.


Más no es tan solo a ti a quien entone

estos cantares sin compases ni tono

que son del llanto la expresión patente,

canto a la gratitud es un poema

que se alza en los salones de la mente

envuelto en los cendales del emblema.


Canto a la gratitud porque mi vida

se deslizó por senda florecida,

por la senda brillante del ensueño,

canto a aquellos que al bien me encaminaron 

y que con santo y paternal empeño

el vino de la ciencia me ofrendaron.


Y justo es hoy que al retirarme evoque  

y con amor y con ansiedad, retoque

el pasado feliz de existencia;

justo es que tribute la alabanza 

porque a ellos me obliga la conciencia

y prima gratitud en la alabanza.


Cuando chicuelo por la senda dura

del estudio empecé con amargura

jamás imaginé ¡Cuán bella fuera¡

esa senda feliz que no termina;

yo era una flor abierta a la quimera,

del sol a la caricia matutina. 


Nada sabía. Henchido de ilusiones 

daba vuelo veloz a mis canciones

todas llenas de amor y fantasía, 

y al ascender hacia la cumbre santa

sentí los toques de la poesia

y a los guijarros desgarrar mi planta. 



Entonces levanté mi vista al cielo

demandó piedad, y con anhelo

devisionario contemplé en la altura,

estrellas que brillantes me miraban

y parecían sonar con mi ventura;

eran gotas de amor que titilaban.


Amor a qué?... a la indomable ciencia,

al estudio, a los libros. Con demencia

empecé a recorrer la hermosa senda

y en cuanto un viejo libro yo encontraba,

como valiosa e ignorada prenda

en mi mente de niño conservaba.


Entonces parecióme que sentía 

los toques de la ignota lejanía,

y fuí a posarme, en un alero santo,

fuí al seminario do pasé tres años 

libre de angustias y penoso llanto

y libre de tristezas y de engaños.


Aquí debo tambien alzar mi canto 

a los que con amor y empeño santo 

forjaron mi alma con amor más puro,

a los que ayer la vida me mostraron

y me alejaron del fangal impuro:

¡Loor a ellos porque me formaron¡


Después El Guanentá me abrió sus puertas

y reviví las ilusiones muertas

bajo el vetusto y misterioso alero;

soñé, bagué por la extensión sombría,

y a las llamadas del amor primero

levanté mi canción a la alegría.


Hoy me debo alejar. Se abre la vía:

hay toques de cruel melancolía 

en estos versos que el dolor desgrana.


Me voy por el sendero de la vida

recordando la plácida mañana, 

recordando el hogar do allé cabida.


   Me voy, la gratitud es signo santo

que el corazón pregona en este canto

que encierra la honda queja dolorida;

me alejo pronunciando con cariño

frases cual las que dice el triste niño

cuando a la madre da la despedida.


Adiós hogar donde aprendí a ser hombre;

adiós ¡Oh Guanentinos¡ Vuestro nombre

ha vivido de brazo con la gloria.

Adiós maestros sabios y prudentes,

¡Mirad el porvenir siempre sonrientes,

a través de vuestra obra meritoria¡


¡Oh sabios escultores de las almas¡:

para vosotros las celestes palmas;

tremolan ya bandadas de querubes;

cruzad serenos por el vano mundo,

vuestro puesto ha de ser entre las nubes

lejos de aqueste lodazal inmundo.


Y por eternidad de eternidades 

tendréis en premio de dificultades

la gloria inmensa en la serena altura;

el apóstol es la luz y si declina

vuelve a surgir más lleno de hermosura

hecho una estrella que nos ilumina.


José Manuel Prada

Noviembre 17 de 1938 Auras de Fonce No. 47

 









  









Al Colegio San José de Guanentá,

  88 años despues encontré en una ajada revista: AURAS DE FONCE este poema que al interiorizarse y comprenderlo sentí envidia de la buena, n...