88 años despues encontré en una ajada revista: AURAS DE FONCE este poema que al interiorizarse y comprenderlo sentí envidia de la buena, no solo por el talante de quien lo escribió, sino de los alumnos que por las aulas en esa época transitaron. Pero es mejor que usted amigo lector, sea quien infiera y aprecie la lírica de un estudiante que lo compuso para despedirse de su claustro, en ese entonces dirigido por Hermanos Lasallistas. La bella y pulcra revista fue un espejo del sentido del periodismo, la responsabilidad intelectual y amenidad de una época plasmada en letras de molde por El Colegio San José de Guanentá, en ese entonces, dirigido por los hermanos lasallistas.
AL GUANENTÁ
Por José Manuel Prada S.
¡Guanentá¡ al despedirme viene el llanto
a borrar estos versos, este canto
que encierra entre sus notas despedida;
al despedirme, tras la densa bruma
viene el dolor a renovar la herida
y a impedir que maneje bien la pluma.
Porque marca el compás del sentimiento
la eterna evocación del sufrimiento
y el amargo cantar de quien se aleja,
porque viene en sendales la tristeza
a arrancar del viajero triste queja
y a trocar bellas flores en maleza:
Porque con el dolor salen las notas
cual las que vibran en las cuerdas rotas
del arpa que ha quedado abandonada;
porque es el despedir algo tan triste
que aunque cantar quisiera, despiadada,
la suerte del mutismo me reviste.
Pero debo cantar. La poesía
que toques da de mágica alegría
en la hermosa mansión del pensamiento,
me dice que cantar es mi destino
aun cuando en ello encontraré el tormento
de las aguas zarzas del camino.
Cantar...aunque se aumente mi quebranto
al tierno asilo que envolvió en su canto
a un pobre soñador meditabundo;
cantar aunque se eleven temblorosos
y henchidos de dolor siempre profundo
estos mis versos, hacía venturosos.
Confines donde reina la esperanza;
cantar cuando en el alma la bonanza
no quiere colocar su bello asiento,
es algo que no puedo. Mas, ahora
es preciso que surja el sentimiento
con estos versos donde el alma llora.
Yo no puedo cantar...decir que llore
que en vez de mi canción, sólo desflore
esos recuerdos de ilusión nimbados;
decid que evoque el pasado de mi vida,
decid que sueñe en triunfos no alcanzados
y escuchareis mi nota dolorida.
Debo callar. Las notas destempladas
que da mi lira, van desordenadas
hacia región ignota y bendecida,
mejor es pregonar con oraciones
lo que la lengua vil y enmudecida
no es capaz de expresar en las canciones.
Quisiera ser el ruiseñor que canta
sin saber que en su canto se levanta
la más bella y sublime melodía;
quisiera ser la flor que en la mañana
espera que en su cáliz se deslia
el rocío que en perlas se desgrana.
Quisiera ser el humo que se eleva,
que en espirales a la altura lleva
la oración del hogar que se consume;
quisiera ser la fuente cristalina
que retratando va, mientras se mueve,
el paisaje que en ella se declina.
Quisiera ser la tarde que naufraga
en medio de la sombra que es la maga
que sabe lo es: melancolía;
quisiera ser la brisa matutina
para arrancar la hermosa poesía
que hay en los frondas llenas de neblina.
Todo quisiera ser para cantarte
para siempre decir que ha sido amarte
mi único ideal, mi único lema;
pero muere la voz en mi garganta
y no salen las notas del poema
que quisiera entonar.
Ya se levanta
cual triste evocación la despedida,
y el alma de lo siempre transita
solo logra elevar triste lamento,
que al confundirse en la extensión sombría
va a llevar mi pobre pensamiento
en vez de versos cruel melancolía.
Despedirme...decir adiós..dejarte
para vivir de la añoranza. Hablarte
por la vetusta reja del recuerdo,
y no poder alzar siquiera un canto.
-estoy loco de pena o estoy cuerdo?
-Porque no empiezo a desgranar mi llanto?
Debo llorar...Me voy, y tu te quedas
¡Oho viejo caserón¡ ¡Qué triste ruedan
lejos de ti los dias y los años¡
Con mi dolor mi eterno compañero
y envuelto por los crudos desengaños
tal vez muy pronto caigo en el sendero.
Me llevo los recuerdos como herencia
para rumearlos en la triste ausencia
cuando en dolor hasta mi puerta llame.
Pero al decirle adiós...no se que pasa
allá en lo alma. Déjeme que clame
porque el dolor mi corazón traspasa.
Adiós ¡oh Guanentá¡ Vetusto alero
donde rodó mi juventud. Certero
golpe de puñal hoy hiere mi corazón.....
Te dejo...pero escucha: en la vida
cuando luchando vaya y la ilusión
brille allá en mi cielo oscurecida
por las nubes de dudas y temores,
entonces ¡Guanentá de mis amores¡
que sea tu nombre el faro que ilumine
la senda de mi vida, y que la duda
huya como sombra, y aunque ruda
la batalla será, que al fin termine
bendiciendo tu nombre sacrosanto
y alzando hacia el eterno tierno canto
que encierra la expresión de la aventura
del que cruzó sufriendo en la existencia
y que espera de Dios benevolencia
cuando su vuelo tienda hacia la altura.
Más no es tan solo a ti a quien entone
estos cantares sin compases ni tono
que son del llanto la expresión patente,
canto a la gratitud es un poema
que se alza en los salones de la mente
envuelto en los cendales del emblema.
Canto a la gratitud porque mi vida
se deslizó por senda florecida,
por la senda brillante del ensueño,
canto a aquellos que al bien me encaminaron
y que con santo y paternal empeño
el vino de la ciencia me ofrendaron.
Y justo es hoy que al retirarme evoque
y con amor y con ansiedad, retoque
el pasado feliz de existencia;
justo es que tribute la alabanza
porque a ellos me obliga la conciencia
y prima gratitud en la alabanza.
Cuando chicuelo por la senda dura
del estudio empecé con amargura
jamás imaginé ¡Cuán bella fuera¡
esa senda feliz que no termina;
yo era una flor abierta a la quimera,
del sol a la caricia matutina.
Nada sabía. Henchido de ilusiones
daba vuelo veloz a mis canciones
todas llenas de amor y fantasía,
y al ascender hacia la cumbre santa
sentí los toques de la poesia
y a los guijarros desgarrar mi planta.
Entonces levanté mi vista al cielo
demandó piedad, y con anhelo
devisionario contemplé en la altura,
estrellas que brillantes me miraban
y parecían sonar con mi ventura;
eran gotas de amor que titilaban.
Amor a qué?... a la indomable ciencia,
al estudio, a los libros. Con demencia
empecé a recorrer la hermosa senda
y en cuanto un viejo libro yo encontraba,
como valiosa e ignorada prenda
en mi mente de niño conservaba.
Entonces parecióme que sentía
los toques de la ignota lejanía,
y fuí a posarme, en un alero santo,
fuí al seminario do pasé tres años
libre de angustias y penoso llanto
y libre de tristezas y de engaños.
Aquí debo tambien alzar mi canto
a los que con amor y empeño santo
forjaron mi alma con amor más puro,
a los que ayer la vida me mostraron
y me alejaron del fangal impuro:
¡Loor a ellos porque me formaron¡
Después El Guanentá me abrió sus puertas
y reviví las ilusiones muertas
bajo el vetusto y misterioso alero;
soñé, bagué por la extensión sombría,
y a las llamadas del amor primero
levanté mi canción a la alegría.
Hoy me debo alejar. Se abre la vía:
hay toques de cruel melancolía
en estos versos que el dolor desgrana.
Me voy por el sendero de la vida
recordando la plácida mañana,
recordando el hogar do allé cabida.
Me voy, la gratitud es signo santo
que el corazón pregona en este canto
que encierra la honda queja dolorida;
me alejo pronunciando con cariño
frases cual las que dice el triste niño
cuando a la madre da la despedida.
Adiós hogar donde aprendí a ser hombre;
adiós ¡Oh Guanentinos¡ Vuestro nombre
ha vivido de brazo con la gloria.
Adiós maestros sabios y prudentes,
¡Mirad el porvenir siempre sonrientes,
a través de vuestra obra meritoria¡
¡Oh sabios escultores de las almas¡:
para vosotros las celestes palmas;
tremolan ya bandadas de querubes;
cruzad serenos por el vano mundo,
vuestro puesto ha de ser entre las nubes
lejos de aqueste lodazal inmundo.
Y por eternidad de eternidades
tendréis en premio de dificultades
la gloria inmensa en la serena altura;
el apóstol es la luz y si declina
vuelve a surgir más lleno de hermosura
hecho una estrella que nos ilumina.
José Manuel Prada
Noviembre 17 de 1938 Auras de Fonce No. 47