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martes, 20 de enero de 2026

DORA GONZALEZ DE ARDILA, UNA GUABINERA BAILARINA

 


Fue, con su esposo, declarados patrimonio cultural inmaterial viviente por la Gobernación de Santander y la UNESCO. Nacieron en Cúchina, vereda del municipio de Sucre; ella estudió, él, labró la tierra; ella fue profesora, él, un soldado obligado y un labrador de la musica y el baile. Los dos, bailarines desde niños y guabineros desde siempre. Ella, folclorista y maestra de este, y él, parrandero y hablador. Ambos, líderes íntegros natos que fusionaron sus vidas para inducir a la niñez y a las familias a abrazar con alegría las tonadas y pasos de la guabina, ese ritmo andino que persiste en las arrugas de los habitantes de las montañas andinas santandereanas y cundiboyacenses.

Ella en su vejez, murió a mediados de enero de 2026, y Arnulfo se quedó con su tiple, los alpargates y trajes típicos masticando los dias faltante para reencontrarse un la danza eterna.

Les distinguí hace más de medio siglo, en plena juventud en algunos cursos de liderazgo social que otrora fuese la pastoral social de la Diócesis de Socorro y San Gil, pero como más baila un asno atado al botalón, poco les copié de sus habilidades artísticas, de las cuales exalto en esta pieza lírica que compuse un día antes de la muerte de la maestra del folclor que murió en Bucaramanga el 19 de enero del presente año.

 

ODA a la maestra del canto que no muere

 


Dora, maestra de tiza y alborada,

sembradora de coplas en la escuela del viento,

hoy tu voz agoniza en la carne cansada,

pero en la tierra canta tu eterno aliento.

 

Con Arnulfo, compañero de surco y tonada,

alzaste el torbellino como bandera viva,

y en la guabina veleña, clara y enamorada,

dejaste el pulso antiguo que a Santander aviva.

 

No fueron solo cantos: fue patria enseñada,

fue aula sin muros, fue fogón y memoria,

por eso el pueblo te nombró, en vida consagrada,

Patrimonio Vivo de su música y su historia.

 

La UNESCO escuchó lo que el monte sabía:

que en tu garganta habitaba la nación,

que cada copla tuya era pedagogía

y cada verso, una lección de corazón.

 

Hoy agoniza el cuerpo, no el legado,

porque el folclor no muere cuando muere la voz;

queda en los hijos, en el pueblo sembrado,

queda en Argón, que dibuja lo que tú cantó Dios.

 

Recibe, maestra, esta oda sencilla,

como flor que se entrega sin saber marchitar.

Sucre te nombra, Santander se arrodilla

y Colombia té aprende… aún después de partir.


DRA: Nauro Torres Quintero -Artesano de la palabra colombiano.



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