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lunes, 18 de mayo de 2026

Otrora alumnos, hoy padres de familia, profesionales, empresarios…


Se de instructores que pasaron por las aulas sin dejar huellas en sus estudiantes; lo revelaron la ausencia de recuerdos gratos en encuentros ocasionales con exalumnos.

En el Colegio Luis Camacho Rueda estuve una década, hasta que la dirección del plantel decidió no asignar carga académica; en ese lapso, vi, sentí y me enteré de la vida familiar de quienes acudían a mi aula y con las semanas, fui identificando sus talentos priorizándolos sobre los resultados de las pruebas escritas. Al curso 4º de bachillerato llegó un enero una niña delgada de pelo largo, amable y comunicativa que se enamoró de la lectura la que combinaba con el canto.

Quinquenios despues, por redes me contactó informando que leía este blog, que vivía en el municipio de San Andrés, provincia de García Rovira, Santander; que se había casado adolescente, vivía en la vereda y la familia cultivaba limón y café y ya habían levantado vivienda familiar.

Previos dias a la celebración del día del maestro-16 de mayo- me contactó solicitando un par de libros; uno para su hija y otro que le ayudasen en el proceso de formación y orientación de su retoño.

Desde 1.981 uso el correo oficial 4-72 más conocido como el correo nacional, y le hice llegar los dos libros, cada uno con una dedicatoria. El libro de cuentos y poesia infantil. EL CIELO ES DE CHOCOLATE lo firmé para Karoll Juliana, su hija; y el libro de 480 pgs: SABIDURÍA EN POESÍA, con el legado del cayado de los abuelos para ALBA LILIANA ALBA ROBLES, mi exalumna con voz angelical y asidua lectora.

Recibió los dos libros tres dias despues de remitirse. Fue al pueblo a recogerlos con curiosidad y hambre lectora. Ya de regreso a su casa en la vereda, de romper con contemplación la bolsa plástica, abrió cada libro y leyó las dedicatorias. La emoción y sensibilidad de madre campesina, la expresó en la siguiente prosa poética que registro, para la historia, en particular, para usted amigo lector.

Mi estimado profesor Nauro:

 

Recibir sus libros y, sobre todo, leer las dedicatorias que escribió para mi hija y para mí, fue encontrarme nuevamente con aquel maestro que sembraba literatura no solo en las páginas, sino también en el corazón de sus estudiantes.

 

Sus palabras tienen la calidez de la memoria y la profundidad de quien ha aprendido a mirar la vida con ojos de poeta. Cada frase que me ha dedicado se siente como un abrazo hecho de tinta, de esos que permanecen mucho tiempo después de haber cerrado el libro.

 

Gracias por conservar intacta esa sensibilidad que convierte los recuerdos, la tierra, la familia y la esperanza en algo tan bello de leer. Saber que un antiguo profesor hoy es escritor y artesano de la palabra llena de orgullo a quienes tuvimos la fortuna de aprender de usted.

 

Sus dedicatorias no fueron simples firmas; fueron pequeños poemas que guardaré con enorme cariño, porque en ellas también viajan la admiración, la gratitud y el afecto de una estudiante que aún recuerda sus enseñanzas.

 

Que siga escribiendo historias que iluminen, conmuevan y dejen huella, como lo hizo alguna vez en el aula y como lo sigue haciendo ahora a través de sus libros.

 

Con admiración y gratitud,

Alba Liliana Hernández Robles.

 





 

 

 


Otrora alumnos, hoy padres de familia, profesionales, empresarios…

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