Se de instructores que pasaron por las aulas
sin dejar huellas en sus estudiantes; lo revelaron la ausencia de recuerdos
gratos en encuentros ocasionales con exalumnos.
En el Colegio Luis Camacho Rueda estuve una década, hasta que la dirección del plantel decidió no asignar carga académica; en ese lapso, vi, sentí y me enteré de la vida familiar de quienes acudían a mi aula y con las semanas, fui identificando sus talentos priorizándolos sobre los resultados de las pruebas escritas. Al curso 4º de bachillerato llegó un enero una niña delgada de pelo largo, amable y comunicativa que se enamoró de la lectura la que combinaba con el canto.
Quinquenios despues, por redes me contactó
informando que leía este blog, que vivía en el municipio de San Andrés,
provincia de García Rovira, Santander; que se había casado adolescente, vivía
en la vereda y la familia cultivaba limón y café y ya habían levantado vivienda
familiar.
Previos dias a la celebración del día del
maestro-16 de mayo- me contactó solicitando un par de libros; uno para su hija
y otro que le ayudasen en el proceso de formación y orientación de su retoño.
Desde 1.981 uso el correo oficial 4-72 más
conocido como el correo nacional, y le hice llegar los dos libros, cada uno con
una dedicatoria. El libro de cuentos y poesia infantil. EL CIELO ES DE
CHOCOLATE lo firmé para Karoll Juliana, su hija; y el libro de 480 pgs:
SABIDURÍA EN POESÍA, con el legado del cayado de los abuelos para ALBA LILIANA
ALBA ROBLES, mi exalumna con voz angelical y asidua lectora.
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Recibió los dos libros tres dias despues de
remitirse. Fue al pueblo a recogerlos con curiosidad y hambre lectora. Ya de
regreso a su casa en la vereda, de romper con contemplación la bolsa plástica,
abrió cada libro y leyó las dedicatorias. La emoción y sensibilidad de madre
campesina, la expresó en la siguiente prosa poética que registro, para la
historia, en particular, para usted amigo lector.
Mi estimado profesor Nauro:
Recibir sus libros y, sobre todo, leer las
dedicatorias que escribió para mi hija y para mí, fue encontrarme nuevamente
con aquel maestro que sembraba literatura no solo en las páginas, sino también
en el corazón de sus estudiantes.
Sus palabras tienen la calidez de la memoria y
la profundidad de quien ha aprendido a mirar la vida con ojos de poeta. Cada
frase que me ha dedicado se siente como un abrazo hecho de tinta, de esos que
permanecen mucho tiempo después de haber cerrado el libro.
Gracias por conservar intacta esa sensibilidad
que convierte los recuerdos, la tierra, la familia y la esperanza en algo tan
bello de leer. Saber que un antiguo profesor hoy es escritor y artesano de la
palabra llena de orgullo a quienes tuvimos la fortuna de aprender de usted.
Sus dedicatorias no fueron simples firmas;
fueron pequeños poemas que guardaré con enorme cariño, porque en ellas también
viajan la admiración, la gratitud y el afecto de una estudiante que aún
recuerda sus enseñanzas.
Que siga escribiendo historias que iluminen,
conmuevan y dejen huella, como lo hizo alguna vez en el aula y como lo sigue
haciendo ahora a través de sus libros.
Con admiración y gratitud,
Alba Liliana Hernández Robles.
Profesor Nauro,
ResponderEliminarSu publicación me conmovió profundamente. Hay recuerdos que el tiempo guarda en silencio y leerme entre sus memorias fue como volver por un instante a aquellos años donde la vida apenas comenzaba a escribirse.
Qué bonito descubrir que, después de tantos caminos recorridos, aún existen maestros capaces de recordar a sus estudiantes desde el afecto y no desde las notas o los números. Eso habla de la grandeza de su vocación y de la huella humana que dejó en muchas vidas.
Me emocionó verme reflejada en sus palabras no solo como aquella estudiante que disfrutaba leer y cantar, sino también como la mujer, madre y emprendedora que hoy soy. Sentí que de alguna manera, usted logró mirar el paso del tiempo con los ojos nobles de quien sabe valorar las pequeñas historias de la vida.
Gracias por ese gesto tan generoso y tan lleno de humanidad. Sus libros llegaron a mi hogar, pero sus palabras llegaron mucho más lejos.
Mi apreciada e inolvidable Alba Liliana.
ResponderEliminarEn el ocaso de mi existencia leí tu recién y primer comentario tuyo en mi blog que empezó a florecer en 2012 como un medio para divulgar los escritos de mis alumnos y las historias sin contar que brotaron en cascada desde 2014, año postrero de mi labor docente la que renuncié oportunamente para dedicarme a escribir y disfrutar la vida.
Fui afortunado. Tuve algunos maestros de aula, que fueron eso: maestros, no instructores, y ellos, dejaron huellas en mi, como lo hizo mi abuela paterna y padres de raigambre campesino, del cual tejo memoria y cuelgo en este blog y significo en cada uno de mis libros como espejos de una época y sus costumbres, sueños y dolores.
En EL CIELO ES DE CHOCOLATE, tu hija encontrará cuentos con personajes infantiles, y poesia para leer, interpretar y recitar.
Pero en tus manos y con tu curiosidad nata, en SABIDURÍA EN POESÍA, encuentras en 480 paginas 500 adagios y refranes que son poemas cortos con los cuales formaban nuestros antepasados, incluso mis padres, el pensar, el actuar y el ser.
Al contemplar las fotos de la tierra que hueles, acaricias y disfrutas, me traslade a mi niñez, siendo un párvulo mi madre me abandonaba sobre un costal, mientras ella con mi padre, sembraban plátano y café de cuyos granos vivimos muchos años.
Recordé las jornadas acompañando a mi padre a amasar el barro para hacer los adobes que armonizados en paredes fueron mi casita de abobe y mi guarida en mi juventud y el aliciente en mi ocaso.
Fueron precisamente mis exalumnos, quienes a leer mi blog periodicamente, justificaron mi nueva labor como escritor, como poeta.
Y tu, joven madre inteligente, encontrarás en cada cuento y en cada refrán poetizado, lecciones talladas en mi y que decidí legar, como dices tu: compartir la sabiduría que dejan los años, los sabores y sinsabores.
Tu hija, es una niña afortunada. Por lo observado, es una copia de ti, y prolongará tu legado.
Gracias por atreverse a colgar tu comentario.