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sábado, 4 de julio de 2026

Eres un poema, Jarantivá

 


Oda épica a la tierra donde el agua canta 

y la historia cabalga

31/05/2026

Eres un poema, Jarantivá,
un verso sembrado por Dios
entre las montañas antiguas de Santander;
una estrofa verde que el viento recita
cuando despiertan los gallos
y la niebla desciende a besar los cafetales.



Dos venas cristalinas abrazan tu cuerpo:
Aguablanca y Jarantivá,
hermanas nacidas en las altas sienes
del páramo Ubaque Merchán,
donde las nubes amamantan las fuentes
y los frailejones custodian el sueño del agua.


Tus quebradas son serpientes de plata
que descienden cantando entre piedras y musgos,
y en su canto llevan la memoria
de tres veredas sedientas de vida.
Luego marchan solemnes hacia el Saravita,
como doncellas que entregan su caudal
al corazón inmenso de la provincia.


Tú no eres una vereda:
eres una mujer acostada sobre la tierra.
La capilla de Quebrada Negra
es tu rostro de piedra y plegaria;
la estación de Providencia,
viejo ombligo de los caminos,
guarda en sus entrañas
los silbidos dormidos del tren;
y tus pies reposan donde las quebradas se abrazan
junto al Hotel Agua Blanca,
monumento donde la arquitectura
aprendió a conversar con el paisaje.

Tu columna vertebral es una montaña.
Por su espinazo legendario
trepa el Camino de la Miel, la Sal y las Ollas,
esa arteria milenaria
por donde dialogaron los muiscas,
los guanes y los opones,
tejiendo con sus pasos
la primera geografía del encuentro.



Por allí pasaron los Comuneros,
y José Antonio Galán,
como un relámpago de dignidad,
encendió la rebeldía de los humildes.
Por allí cabalgaron también
Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander,
dejando sobre el polvo
las herraduras luminosas de la libertad.

Tus bosques guardan secretos de siglos;
tus piedras conocen nombres olvidados;
tus senderos conversan con la luna;
y tus amaneceres tienen el color
de las banderas que jamás se rindieron.

Chepe, el artesano,
extrae del bejuco la música de las manos.
Sus canastos son nidos de paciencia,
catedrales humildes donde habita el campo.
Cada hebra parece un poema tejido
por las raíces invisibles de la montaña.

Y están tus almojábanas,
redondas como pequeños soles campesinos;
tus amasijos,
que perfuman los caminos con aroma de infancia;
y tus quesos de hoja,
lunas blancas envueltas en la ternura
de quienes aprendieron a convertir la leche
en memoria familiar.

Tienes dos templos,
como si una sola fe no bastara
para contener la grandeza de tu espíritu.
Y cuando las campanas repican,
las colinas responden con ecos antiguos
que atraviesan los siglos.


En tu seno nació
Nauro Torres Quintero,
hijo de estas montañas,
peregrino de las palabras,
quien encontró en los manantiales de tu paisaje
la tinta para escribir sus versos.
Si otros levantan monumentos de piedra,
él levanta monumentos de poesía;
si otros siembran semillas,
él siembra metáforas
en los surcos fértiles de la memoria.

Eres un poema, Jarantivá.

Poema de agua y montaña.
Poema de historia y camino.
Poema de campanas y trenes.
Poema de canastos, amasijos y almojábanas.

Poema donde los páramos sueñan,
donde las quebradas cantan,
donde la libertad cabalga,
y donde la palabra florece
como un árbol eterno bajo el cielo.

Por eso, cuando el sol se inclina
sobre tus montes sagrados,
la tarde abre un libro invisible
y el horizonte escribe lentamente:

"Aquí vive Jarantivá,
la vereda que parece una persona,
pero que en realidad es un poema."


Ecoposada La Margarita, Vereda Jarantivá. 

Puente Nacional.

DRA: Nauro Torres Quintero

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